Dado el tamaño de la crisis siempre hay algún listo que necesita aprovechar cada amanecer para hacer negocio. Si hay un país en crisis, al menos uno que nos interese a mí y a mis lectores, es España. La crisis, lo tengo escrito mil veces, no fue culpa de Zapatero pero se pasó de frenada negándola durante meses, repartiendo dinero a espuertas (¿se acuerdan de la ruina del plan E?), mindundeándola después durante otra larga temporada y aceptándola finalmente. Su último paso, que supuso las bendiciones europeas y nuestra momentánea salvación fue llevar a cabo las reformas que le exigían los socios europeos. No se nos olvide que en este tiempo hubo por el medio conferencias telefónicas desde Guasinton, Bonn y París con serias advertencias y llamadas al orden.
La culpa de la crisis no obstante recae según la opinión mayoritaria del votante sobre las espaldas de Zapa, y a él le van a señalar los dedos acusadores el próximo día 20, aunque la cara que figure en los carteles sea la de Rubalcaba, el señor Pérez. Pero Rajoy, aunque parece ser el elegido para recibir la corona de laureles dentro de una semana, no se libra de las críticas de los ciudadanos, por mucho que al mismo tiempo se encomienden a él a la hora de introducir la papeleta en la urna. Rajoy calla y no dice nada, pero tiene las tijeras bien preparadas y guardadas a la espalda. No dudo de que serán las mismas que usaría el señor Rubalcaba, del mismo tamaño y dirigidas mayoritariamente a las mismas partidas de presupuesto. Habría diferencias, estoy convencido, meramente estéticas, si bien la izquierda siempre ha sabido venderlas mucho mejor que la derecha, siempre avergonzada de sí misma, como si ser de derechas supusiese un desdoro o demérito que sólo se salva haciéndose demócrata de toda la vida. O sea, lo que llamamos comúnmente de izquierdas.
Será por eso que algún avispado ha puesto a la venta rollos de papel higiénico con las caras de estos dos paisanos que estos días andan por toda España poniéndose a caldo, como si no se aguantaran (con lo amigos que salían en la tele el pasado 12 de octubre durante el desfile). Miren, yo no los voy a comprar porque ahora mismo tengo la despensa (sí, la despensa, es que no tengo otra cosa que guardar, quedaría vacía en caso contrario) repleta de papel higiénico blanquito y reluciente y porque aunque ninguno de los dos nos va a sacar las castañas de este abrasador incendio en que se ha convertido Europa, pero tampoco me parece de recibo faltarles al respeto a personajes tan influyentes, uno nunca sabe lo que pueden hacerte como te cojan ojeriza.
Si alguno de los dos se llamara Silvio y se apellidara Berlusconi no me importaría echar su foto a los cerdos (los de mi vecino, a mí ya no me quedan, empecé a comerlos y venderlos para sobrevivir hace años, a las primeras noticias de que venía crisis) desde el otro lado del Atlántico. Conste que admiro Italia, segundo país al que emigraría en caso de necesidad (el primero sería Andorra, infinitamente más serio, discreto y desconocido) y que lamento la mala suerte ha tenido con sus políticos desde la segunda guerra mundial. ¡Qué quieren que les diga, con la cara de Don Silvio sí haría yo un rollo de ésos.
PD La imagen la he sacado de elrollo.es . De nada, señores.
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