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Greenwich, spanish timetable

Pedro de Hoyos 27 Sep 2013 - 07:29 CET
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Desde que de jovencito salí por primera vez a Francia y me despedí de la boina ideológica siempre he pensado que lo del horario español no había quien se lo tragara. Sí, nosotros sí porque hemos nacido y crecido en él sin alternativa, pero en cualquier lugar del mundo no parece civilizado ni lógico que los comercios cierren de una y media a cinco y vuelvan a abrir hasta las ocho.

A mí esa hora siempre me ha parecido más propia de estar en casa gozando de la calma del hogar que de estar en medio de la multitud comprando cuarto y mitad de la nueva colección otoño-invierno; como mucho me parecería lógico estar en mi bar favorito tomando una cerveza y una de calamares.

Porque unos retrasos llevan a otros y cenamos a horas en las que más allá de los Pirineos -y en Portugal, que está ahí mismo- están empezando ya a incubar el primer sueño, acolchado silloncito y amorfa serie de televisión por medio. Le cuentas a un extranjero a qué horas nos acostamos y les dejas con la boca abierta. O cerrada, sujetándose la risa.

Cambiar tan carpetovetónicas costumbres no debe ser nada fácil, ahí tienen la dura batalla en algunos colegios rurales para cambiar las clases a la sesión matutina, qué burros podemos llegar a ser. Seguramente a cuenta de la crisis existe en el Congreso de los Diputados una subcomisión «para el estudio de la Racionalización de Horarios, la Conciliación de la Vida Personal, Familiar y Laboral y la Corresponsabilidad»… (Qué nombre… ¿Les pagarán por palabras?)

El caso es que esta subcomisión propone cambiar nuestra hora oficial y pasarnos al huso británico, lo que bien visto significa separarnos del común europeo y arrimarnos a la excepción inglesa. Puede que detrás de tan estirado nombre esté la intención de facilitar la llegada de más jóvenes ingleses a emborracharse a nuestras costas, a orinar en las calles y a tirarse a la piscina desde el balcón del hotel… pues bueno… De otra forma no se entiende ese empeño en desgajarnos de la mayoría y acercarnos a los raros.

A mí me parece mucho más sencillo conseguir que los comercios abran de nueve a cinco o cualquier otra hora decente. Para ello bastaría con obligar a las televisiones a adelantar su acreditadísima basura alienante a las siete de la tarde, pongamos. Y de ahí al «Nenes, a la cama que mañana la escuela empieza a las ocho» no hay más que un paso.

Sin duda alguna debemos racionalizar nuestro horario urgentemente, pero también los nombres de las subcomisiones.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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