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Halloween para payasos

Pedro de Hoyos 31 Oct 2014 - 07:32 CET
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Sí, amable lector, es verdad, hace un año ya escribí este artículo. Y hace dos. Y tres. Espero su generoso perdón porque cuando en estas fechas observo que nuestras calles y plazas son invadidas por monstruos, esqueletos y seres deformes reunidos para celebrar nuestra decadencia cultural me invaden inmediatamente deseos de exilio que solo detengo echando fuera mi frustración.

Sí, me refiero a esta absurda tontuna que domina un sector de la sociedad disparatadamente dispuesto a celebrar Halloween, una fiesta no solo ajena sino contraria a nuestras tradiciones y forma de ser. Que en la sobria Castilla celebremos la fecha vistiéndonos de cadáveres, vaciando calabazas o recorriendo casas pidiendo caramelos al atrabiliario grito de «¡Truco o trato!» (¿Me quiere alguien explicar qué gilipollez significa esto?) es como si en Omaha, Illinois, USA, salieran todos los habitantes a las plazas públicas y se pusieran a bailar jotas castellanas al son de dulzainas y tamboril. ¡Payasos!

¡Cuánto daño nos han hecho cine y televisión! Posiblemente aquella película de E.T, el currículo de Inglés de nuestros estudiantes y nuestro perpetuo afán de jarana y alboroto tengan la culpa. Y no, no se me olvidan los centros comerciales, no. Como la vida no nos da aquello a lo que aspiramos queremos calmar nuestro descontento y nuestra vaciedad con fiesta, bullicio y risas. Aunque no toque, aunque no signifique nada para nosotros, aunque no sepamos qué pinta un niño de Rabanillos de Campos vestido con el traje típico de Omaha, Illinois, USA.

Es un estúpido proceso de desculturización que nos convertirá en seres amorfos, desubicados y desnaturalizados. Quizá sea también un proceso de envidia pueblerina que nos lleva a imitar diversiones, tradiciones y cultura de otros sin darnos cuenta, pobricos nosotros, de que en todas partes del mundo hay que ganarse el pan con el sudor de la frente, pregunten.

Pero por más payasadas que imiten, por más americanismos que profieran («on line», tarjetas «black», «casting», «champions league», «basket»), no van a dar pasaporte USA a ninguno de estos rupestres ciudadanos que creen que perdiendo su propia cultura, olvidando sus raíces y despreciando lo que son, terminarán siendo guays y modelnos.

Entre celebrar nuestras fiestas apiolando a un toro junto al Duero y hacer el panoli yanqui hay un mundo de alternativas.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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