En el momento en que escribo todavía no se sabe quién es el asesino de Laura Luelmo, aunque ya hay un hombre sospechoso al que se busca, y en tuiter, ese patio de vecinos mal avenidos, ya han estallado dos persecuciones; una “al hombre”, así en general, y otra al facha.
Una de las causas menos advertidas de la derrota de la izquierda en Andalucía ha sido ese feminazismo irredento en el que se ha sumergido la izquierda que, como la vicepresidenta del gobierno, prevé que a la mujer hay que creerla siempre siempre, cuando y como sea, aunque eso signifique sitúar al acusado como automático culpable. Y en tuiter, como en la barra del bar, mola mucho ser progre y ser más feminista que nadie… entendiendo la palabra “feminista” de esa manera retorcida y sectaria en que la momentáneamente derrotada izquierda la entiende.
Y así llegamos a que ser hombre significa automáticamente ser sospechoso. A la mujer hay que creerla siempre pero al hombre nunca, en ambos casos por el mero hecho de serlo. Este buenismo, “hermana, yo te creo”, ha calado entre las clases más populares e ineducadas, esas que se drogan habitualmente con “First dates”, “Gran Hermano” y otros programas culturales del mismo nivel, de modo y manera que llevarles la contraria significa llevar todas las papeletas para ser acusado de nazi, franquista, rata de sacristía y votante de Vox, mientras le pasean a uno desnudo sobre un caballo y con una cruz amarilla pegada, con grapas si es posible, a la frente.
La izquierda tuitera, la izquierda de garrafón, la izquierda democrática que manda a sus lacayos quemar contenedores cuando no le gustan los resultados de unas elecciones, ha decidido que el hombre es culpable. Tacatá. Y la mujer, pura, inocente y virginal. En esto último hemos retrocedido al catecismo de los años sesenta. Ser hombre significa ser culpable del asesinato de Laura Luelmo, Sandra Palo y Diana Quer. Presunción de culpabilidad, vaya.
Pero, ay, como se te ocurra decir a uno de estos feministas de salón que determinados asesinos, reincidentes, especialmente repugnantes o violadores sin escrúpulos de niños tal vez merecieran la prisión permanente revisable, ay, entonces pasas a ser merecedor del fuego eterno, de doble condena eterna, por hombre y por machista recalcitrante. Aunque tal vez un buen abogado defensor acabara convenciendo al jurado de que solo merecía una pena, ya que para tantos, ser hombre es ser machista y todavía no se ha inventado la acusación de sinonimia perfecta.
Las contradicciones de la izquierda, el buenismo de la izquierda.
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