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Contra la fiesta del orgullo gay

Pedro de Hoyos 30 Jun 2019 - 19:20 CET
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A mí lo del orgullo gay me parece un disparate izquierdista como me parecería un disparate la fiesta del orgullo heterosexual, la de los gordos o la de los calvos. Que hagan una manifestación para reivindicar lo que les plazca me parece cojofenomenal. Nada que alegar. Con su pan se lo coman y no se atraganten.

Lo que me parece algo ridículo, sanchopancesco, cursi y repelente es que esa manifestación se haya convertido en el desfile de las horteradas. Producen vergüenza ajena algunos, e insisto en el indefinido, de los participantes que parecen “locas”, uso conscientemente esta palabra prohibida, puestas de ordinariez, vulgaridad y zafiedad hasta las cejas. Porque la ordinariez, la vulgaridad y la zafiedad son también drogas que consumen los españoles de muy diversos modos. Ver, oír o leer a Belén Esteban, a Kiko Rivera o ser fan de cualquiera de las comedietas que produce cualquier televisión española son diversos modos de estar enganchado a estas drogas modernas.

Más aún, son estas drogas modernas las que conforman una sociedad enferma, decadente y corrupta representada por los más mamarrachos de los que desfilaban, sintiéndose vanidosamente orgullosos de hacer el ridículo. Porque reivindicar… no parece que reivindicasen mucho. Si, sí, lo suyo es llamar la atención, acaparar los titulares más siniestros, ser objetivo de las fotos más truculentas, causar estupor a fuer de ser bastos.

Hagan un esfuerzo, señores, imagínense otra manifestación del mismo tono de… gordos (¡abajo la gordofobia!) amas de casa, de guardias municipales, de… Los gordos se manifestarían comiendo cocido madrileño tras fabada asturiana, las amas de casa lo harían con zapatillas y rulos y fotografías de Isabel Preisler, los guardias multando a todos los viandantes (eso sí, con papeletas de colores, flores y forma de corazón).

No encuentro ninguna razón para criticar a los gays (sí a alguna de las leyes que ellos han animado) y sí muchas para criticar a los que los critican. Bueno, sí la hay para criticar a los gays que producen generosamente imágenes ridículas, descompuestas, fantasmales, obscenas y grotescas. El absurdo es siempre criticable.

Vivimos en una sociedad en la que se puede defender todo, cualquier idea. Ayer hemos tenido en televisión a un terrorista, nada arrepentido, defender sus ideas, pero lo que nunca se puede es hacer el ridículo.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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