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A la muerte de un famoso

Pedro de Hoyos 06 Sep 2019 - 18:51 CET
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Me sucede con frecuencia. He colaborado 20 años en las páginas de opinión de un periódico local y tres más con una emisora de radio. Todo ello ya en tiempo pasado, la vida no se detiene pero algunas veces puedes “bajarte”. Y a pesar de todo ello no entiendo a algunos medios de comunicación. “Algunos”, insisto.

Cuanto más barriobajeros y más chabacanos tienen más éxito popular y menos los admito, disculpo y comprendo. Lo que nos trae, a ellos y a mí, al fresco. Estoy hablando de la muerte de Blanca Fernández Ochoa.

Me repatea que hayamos construido una España en la que hacer disección de las intimidades de una persona popular, muy especialmente de alguien fallecido, se haya convertido en alimento espiritucultural de la plebe, de la más infecta plebe. Plebe en el peor sentido, plebe de la peor categoría, plebe despreciable, plebe repugnante. Casi tanto como esos infectos, despreciables y repugnantes programas de la peor categoría que les proveen de informaciones infectas, despreciables y repugnantes.

Algo muy grave ha fallado en la educación popular. Y por lo tanto algo muy grave ha fallado en la política general. Hemos construido una sociedad enferma, anómala y repulsiva que devora con devoción aquello que es éticamente rechazable, aquello que moralmente debería ofendernos. Y que sin embargo vemos como algo aceptable, algo que, de hecho, toleramos repetidamente.

Que se estén viendo con indiferencia las informaciones más íntimas y privadas de la muerte de una persona, que se vea con habitual normalidad lo que algunos medios, e insisto nuevamente en el indefinido, están ofreciendo al público solo se explica en una sociedad degenerada, abyecta, moralmente derrotada. Que nadie salga a criticar esas informaciones y a esos medios demuestra que nuestra clase dirigente, política o culturalmente, está enferma y que el pueblo es idiota, sumamente idiota, por haberlos encumbrado. Ah, y que nos los merecemos.

Pedro de Hoyos

Nací en Venta de Baños, Palencia, en medio de un infernal tráfico ferroviario. Mi primera intención fue volverme por donde había venido, pero mi madre se negó y aquí sigo. He pasado por las columnas de opinión de diversos periódicos (Diario Palentino, La Tribuna de Cuenca, La Tribuna de Guadalajara, Diario de Burgos, Palencia Siete) […]

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