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Descubre el sur belga más salvaje

Valonia: La Aventura en Estado Puro que Bélgica Esconde

Senderismo, ciclismo, aguas bravas y bosques que invitan a vivir cada estación con intensidad

Brígida Gallego 27 Jul 2025 - 14:59 CET
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Hay lugares que se visitan, y lugares que se vivenValonia, esa región del sur de Bélgica donde los bosques parecen interminables y los ríos escriben su propia historia, pertenece a la segunda categoría. Aquí no se trata de mirar, sino de hacer: de calzarse las botas, subirse a la bici o empuñar un remo. De sentir el vértigo de una tirolina sobre el Ourthe o el silencio de una abadía trapense al atardecer.

Si buscas un destino que combine naturaleza, cultura y adrenalina sin artificios, estás en el sitio correcto. Valonia no es un decorado: es un playground para adultos y niños, donde cada rincón invita a moverse, explorar y, sobre todo, a disfrutar.

Senderismo con alma (y cerveza)

«En Valonia, hasta los paseos tienen épica». Basta con echar un vistazo a la Transardennaise, un sendero de 160 km que atraviesa el corazón de las Ardenas como si fuera una columna vertebral. Siete etapas entre bosques de hayas centenarias, pueblos de piedra y valles que parecen sacados de un cuento. La ruta empieza en La Roche-en-Ardenne —con su castillo en ruinas y su aire medieval— y termina en Bouillón, tierra de cruzados. Por el camino, paradas obligadas: el parque natural Entre Deux Ourthe y el gran bosque de Saint-Hubert, donde la niebla mañanera convierte el paisaje en algo casi mágico.

Pero si prefieres mezclar espiritualidad y paisaje, sigue la ruta de las abadías trapenses. Solo hay doce en el mundo, y tres están aquí: ChimayRochefort y Orval. 290 kilómetros para caminantes serios, con recompensa incluida: degustar algunas de las mejores cervezas artesanas de Europa, fabricadas por monjes desde hace siglos. Pro tip: en Orval, pide la cerveza homónima y visita las ruinas de la abadía al atardecer. El momento lo merece.

Para rutas más cortas, VISITWallonia.be es tu aliado. Filtra por dificultad, distancia o temática (hay senderos que unen castillos, otros que rinden homenaje a la historia bélica e incluso rutas de arte urbano). Todo bien señalizado, con mapas interactivos y alojamientos que saben lo que necesitas tras una jornada de caminata: una ducha caliente y una cena contundente.

Sobre dos ruedas (y sin complicaciones)

Valonia es uno de esos sitios donde el ciclismo fluye. La red RAVeL, con 1.480 km de vías verdes, aprovecha antiguas vías de tren y caminos de sirga: llanos, seguros y perfectos para familias. Pero si buscas libertad absoluta, el sistema de puntos nodo es una genialidad: cruces numerados que te permiten diseñar rutas a medida. Elige números, síguelos como un juego de pistas y combina paisajes a tu antojo.

Los amantes de las largas distancias tienen opciones como la Vennbahn (125 km por una antigua vía férrea entre Bélgica, Alemania y Luxemburgo) o los tramos valones de las rutas EuroVelo. La EuroVelo 19, por ejemplo, sigue el curso del Mosa y es pura poesía fluvial: pasa por Dinant —con su ciudadela clavada en la roca—, Namur y Lieja, tres joyas que merecen una parada (y un waffle).

Y para los que prefieren el ciclismo de verdad, está la opción de emular la clásica Lieja-Bastoña-Lieja. Solo para valientes: 250 km de desniveles que ponen a prueba hasta a los más expertos.

El bosque, pero desde arriba

En Valonia, los árboles no son solo para mirarlos. Parques como Dinant Evasion o Durbuy Adventure Valley ofrecen circuitos de arborismo, tirolinas y puentes colgantes para todas las edades. El nuevo parque en las cuevas de Han suma un aliciente: combinar la aventura en las alturas con la exploración de grutas subterráneas.

Las vías ferratas son otra forma de vivir el paisaje. En Freyr, junto al Mosa, las rutas escalonadas por dificultad permiten disfrutar de vistas panorámicas sin ser un experto. Consejo: contrata un guía si es tu primera vez. Te dará seguridad (y anécdotas locales).

Aguas bravas (y otras delicias líquidas)

Cuando el verano aprieta, los ríos valones se convierten en el mejor parque acuático natural. Descender el Ourthe en kayak es un clásico: aguas tranquilas, pequeños rápidos y paisajes de postal. El Lesse y el Semois son igual de bellos, con meandros que esconden playitas improvisadas donde parar a comer un bocadillo.

Para algo más relajado, alquila un barco eléctrico (sin licencia) en el Valle del Mosa o navega por el Canal du Centre, donde los ascensores hidráulicos para barcos —Patrimonio de la UNESCO— son una obra de ingeniería del siglo XIX que sigue funcionando.

Y si viajas con niños, los Lagos de l’Eau d’Heure son el pack completo: playas, paddle surf, zonas de picnic y hasta buceo en aguas dulces.

Epílogo: Aventura con mayúsculas (y buena mesa)

Lo mejor de Valonia es que la adrenalina no está reñida con el placer. Tras un día de actividad, nada como una cerveza Trappist en una terraza junto al río, un plato de carbonade (estofado de cerveza) o un helado artesano en Durbuy, el «pueblo más pequeño del mundo».

Aquí, la aventura no es un producto empaquetado: es una forma de vivir el territorio, paso a paso, pedalada a pedalada, remo a remo. Y siempre, siempre, con el paisaje como testigo.

¿Listo para escribir tu propia historia? Valonia te espera.

Brígida Gallego

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