Tenía previsto escribir hoy sobre otro asunto que, finalmente, tendrá que esperar. La cuestión es que, como vengo diciendo, cuando no es Maragall es Carod quien reclama un protagonismo que en modo alguno merece.
Cervantes decía que más vale merecer que alcanzar. Carod, evidentemente, viene alcanzando un protagonismo que no merece. Este caballero es tan profundamente demócrata, que con los votos de cuatro montañeses, porque yo no concibo que la gente culta le pueda elegir, viene poniendo en jaque al gobierno de la nación.
Ya he dicho otras veces que me parece un error de nuestra democracia que los partidos nacionalistas puedan concurrir en solitario a las elecciones generales. Pero en el caso de ERC, su influencia viene a ser desmesurada.
Las escasas convicciones democráticas de este partido quedan en evidencia cuando tratan de influir sobre el gobierno de la nación en asuntos que nada tienen que ver con el lugar en el que han obtenido sus escasos votos. Si tuvieran vergüenza no tratarían de aprovechar su ascendencia sobre el gobierno para que decida, al gusto de ellos, asuntos que sólo conciernen a los valencianos.
ERC no tiene nada que ver con la Comunidad Valenciana. No han obtenido votos aquí, en esta Comunidad Autónoma. Pero pedirle a Carod, ahora que se siente tan poderoso, que se abstenga de molestar, es como pedirles, por favor, a las moscas que se vayan.
Los valencianos somos quienes hemos de decidir el rumbo de nuestro idioma. Los lingüistas podrán determinar acaso su procedencia. Pero los dueños del idioma somos los usuarios. Nosotros hemos de decidir hacia dónde hemos de dirigir nuestros pasos, en función naturalmente de nuestras conveniencias.
Los valencianos nunca hemos pensado que hablábamos catalán, sino que siempre hemos dicho que hablamos valenciano. El Siglo de Oro es enteramente valenciano.
¿Por qué motivo lo hemos de entregar a los catalanes? En los países americanos hispanoparlantes, por citar un ejemplo tan manido, han decidido caminar todos en la misma dirección idiomática, pero es porque les conviene, por razones de comercio y otras muchas.
Pero a los valencianos no nos interesa la convergencia con el catalán, porque no sólo no ganamos nada, sino que perdemos nuestro Siglo de Oro y la identificación con ese idioma que secularmente consideramos nuestro.
Si nos imponen el catalán vaticino que en poco tiempo la Comunidad Valenciana pasará a ser monolingüe, es decir, hablaremos sólo castellano.
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