No hubiera sido necesario diseminar a los presos etarras si éstos no encontraran tanto apoyo en el País Vasco. El apoyo se debe en buena medida a la equidistancia que mantienen el PNV y la Iglesia vasca entre las víctimas y los verdugos. Conviene hacer notar que cuando se habla de víctimas, sin más, no se puede tratar de otra cosa más que de víctimas inocentes.
El gobierno vasco subvenciona los viajes de los familiares de los presos etarras que acuden a visitarlos. De ese modo, todos los españoles, incluso las víctimas de esas víctimas que lo son porque antes fueron verdugos, contribuimos a pagarles el viaje. Los familiares de los etarras no tienen la culpa de lo que han hecho ellos, pero de sobra sabemos que los familiares de los etarras son con mucha frecuencia filoetarras. Que les tienen como héroes y les aplauden sus horrendos crímenes.
Hay gente capaz de morir por su patria, pero que en modo alguno mataría a nadie por este motivo. Otros, no tienen dudas y no sólo eso, sino que viven una vida regalada a costa del impuesto revolucionario, los secuestros y todos los demás medios ilícitos de ganar dinero.
En una nueva muestra de desfachatez, el Parlamento Vasco ha creado la «Ponencia de Víctimas», equiparando de un modo brutalmente cruel a víctimas inocentes y víctimas culpables. Tal vez, de ese modo se intenta colar en las mentes de sus simpatizantes que las víctimas del terrorismo no son más que la consecuencia necesaria de su lucha por la independencia. De la lucha de ellos, no de todos los vascos.
El Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, que nombre más rimbombante, ha dirigido un cortés escrito de protesta a la Presidenta del Parlamento Vasco. Pero si esa señora no sintió asco y náuseas cuando fue creada esa ponencia, tampoco se presume que vaya a hacer mucho caso ahora. Acaso, si no existiera el Alto Comisionado, hubieran tenido que ser el Parlamento español y el Presidente del Gobierno español, quienes se hubieran tenido que dirigir al Parlamento que ella preside.
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