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Metáfora del ciclista urbano

Vicente Torres 06 Nov 2007 - 18:41 CET
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El ciudadano que esté considerando la posibilidad de usar la bicicleta para sus desplazamientos urbanos tiene tres opciones ante sí. La primera consiste en usar el medio natural para el tránsito rodado, que es la calzada. Ha de saber, entonces, que por lo general ni la policía ni las autoridades públicas se preocuparán por procurar que los vehículos motorizados les sigan o les adelanten guardando una prudente distancia, por lo que lo más probable es que más pronto que tarde den con sus huesos en un hospital. La segunda opción consiste en utilizar el carril bici. En este caso se encontrará con que buena porción del mismo ocupado por vehículos que han decidido utilizarlo como aparcamiento o por viandantes que pasean tranquilamente, también con la pasividad municipal. Todo parece indicar que fue Pascual Maragall quien lo vio en alguno de sus viajes por el extranjero y acto seguido calcó la idea en Barcelona y a continuación fue sobradamente imitado por los demás alcaldes españoles. En realidad, esa precipitada idea no sirve más que para que los transeúntes motorizados se hagan a la idea de que los ciclistas no deben circular por las calzadas. La opción restante viene a ser la de forrarse la cara de vaqueta, cuanta más mejor. Una vez hecho esto puede disponerse a tomar lo que da sentido a las ciudades, el espacio destinado a caminar tranquilamente, mientras se observa la ciudad o se charla con los acompañantes. En realidad, las aceras ya están llenas de mobiliario urbano, postes, motos aparcadas, tenderetes, etc., de modo que es difícil andar por ellas. Así que el nuevo ciclista que se dispone a sumarse a los que ya andan convirtiendo el paseo de los viandantes en una odisea, puede ir aprendiendo los trucos. En la acera, frente al peatón, es el más fuerte, así que puede enfilarlo, para que se asuste y se aparte; si no lo hace, puede amagar un acelerón; y si tampoco, agacha la cabeza y pasa despacio, porque como todos los jugadores de ventaja, prefiere tener el cien por ciento de posibilidades. Todo lo anterior sirve para dedicarse después a la política, nacional, autonómica o municipal.

‘Entre una España y la otra’
‘¿Cómo habla Dios?’
‘La fe del ateo’
‘El Poder y la Gloria’
‘El sueño de la nación indomable’
‘El código de Arquímedes’
‘La sultana de Venecia’
‘A sí mismo’

Vicente Torres

Vicente Torres es coautor, junto con Rafa Marí, de ‘1978. El año en que España cambió de piel’, y autor de ‘Valencia, su Mercado Central y otras debilidades’, ‘Yo estoy loco’, ‘Diario de un escritor naíf’, ‘El Parotet y otros asuntos’, ‘2016. Año bisiesto’ y ‘Aceptar el destino’. Ha participado en los libros colectivos ‘Tus […]

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