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Felipe González, simplón (o camarero)

Vicente Torres 18 Feb 2008 - 19:18 CET
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Es sabido que cuando un asno tiene esa necesidad, se echa un pedo, esté en donde esté y sin medir las consecuencias. Es sabido que el pedo de un asno puede tener consecuencias catastróficas, si se lo echa en un lugar atiborrado de gente, puesto que el mal olor puede acarrear una avalancha. Pero no se le pueden pedir responsabilidades a un asno.
Por su parte, Felipe González, ha dado en burlarse del digital Mariano Rajoy, afirmando que “cuando se saque los fideos de la boca podremos saber lo que dice”. Cuando Adolfo Suárez estaba trabajando la democracia, es decir cuando todavía no la había y las resistencias a vencer eran muchas, Felipe González colaboró de algún modo, pero fundamentalmente mostró mucha impaciencia. Está en el libro “Los que le llamábamos Adolfo”. Esa impaciencia suya demuestra que no sabía valorar el trabajo milimétrico de Suárez, el bordado y el dorado. Su actitud venía a ser la de quien se sienta a la mesa y pide que le traigan la comida. Cuando Suárez le pedía apoyo y colaboración para esto o aquello solía prestársela, pero no dio sensación de saber apreciar su mérito.
Estaba impaciente por lograr la presidencia, pero no pensaba en servir a España, ni en todos aquellos que durante decenios habían soñado con ese momento, sino que sus intenciones eran menos elevadas que todo eso. Los citados soñadores, o la mayoría de ellos, no le perdonarán jamás el desengaño que sufrieron. En el poder, Felipe González tuvo ante sí el caso Rumasa y lo solucionó a la brava, sin calibrar las consecuencias. Se percató, algo muy fácil, de que la mayoría de los jueces eran de derechas y optó también por una solución drástica. No tuvo en cuenta que había que preservar por encima de todo el prestigio de la judicatura. Bajo su mandato nacieron los GAL, otro intento de solucionar las cosas por las bravas. Y cuando hubo noticia de Mister X, no se preocupó en buscarlo. Hay que recordar que algunos sufrieron cárcel a causa de Mister X. Si hubiera aparecido, quizá se hubiera acortado su estancia en prisión.
Alfonso Guerra lo dijo bien claro, al definir las funciones de ambos como la del cocinero y la del camarero. Claro que el autor de la frase “quien se mueva no sale en la foto, ya debía saber que con ello se autoexcluía del gobierno. De forma drástica.

Contra los políticos
Cátaros. La libertad aniquilada
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Los que le llamábamos Adolfo
La Comunidad Valenciana y el guirigay nacional
La soledad del juzgador
A sí mismo
¿Cómo habla Dios?

Vicente Torres

Vicente Torres es coautor, junto con Rafa Marí, de ‘1978. El año en que España cambió de piel’, y autor de ‘Valencia, su Mercado Central y otras debilidades’, ‘Yo estoy loco’, ‘Diario de un escritor naíf’, ‘El Parotet y otros asuntos’, ‘2016. Año bisiesto’ y ‘Aceptar el destino’. Ha participado en los libros colectivos ‘Tus […]

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