
El abogado de María José Carrascosa en Estados Unidos, Scott Finkenauer, esperaba una condena de 5 años. La pena de 14 años puede considerarse, entonces, como excepcionalmente severa. Personalmente, la catalogo como cruel. A lo largo de los años que viene durando este proceso, Peter Innes ha venido dejándome comentarios en distintos. En ellos se refiere a Reyes Monforte, a mí, y a los jueces españoles. Lo que dice de Reyes y de mí, siendo desagradable me parece normal; su opinión de la justicia española es, sin embargo, significativa.
Lo que dice, al respecto, en uno de sus comentarios es lo siguiente:
“In Spain, you must work to correct the problems in your courts. Children must not be treated as if they are «property» of the mother. This is wrong and it damages children.”
Curiosamente, ese mismo argumento lo ha empleado el juez Venezia, pero no acusando a los jueces españoles, cosa que lo hubiera dejado en evidencia, sino a la misma María José. Ello no obsta para que se pueda considerar que dicho juez, al que le cuadra el epíteto de altivo, ha pisoteado sin disimulo alguno a los jueces españoles. Ahora bien, si María José se hubiera quedado en España, el altivo juez no hubiera podido ensañarse con ella, ni Peter Innes mostrarse tan satisfecho al conocer la sentencia. Lo que le debería importar a él es su hija, y la sentencia no le garantiza ni mucho menos que la vaya a ver, así que a saber qué le producirá tanta satisfacción.
El gobierno español permite que un juez de Estados Unidos menosprecie al sistema judicial español. Hace como que no se entera, calcula que el asunto no le va a costar ningún voto y a fin de cuentas la perjudicada es una ciudadana que inocentemente confió en la justicia de aquel país y en la bondad de sus jueces y se ha dado de bruces con la realidad. El gobierno español debe encargarse de la defensa de María José Carrascosa, puesto que ella tiene la sentencia favorable de los jueces españoles. Defendiéndola a ella, defiende también el honor de nuestros jueces.
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