Una de las cosas que caracteriza a los políticos es el cinismo, y junto con él el desparpajo. En este sentido tenemos a Pradales -no me sorprendería que en su origen este apellido fuera Pardales-, al que no le importa ofender a las víctimas, no se preocupa por lo que puedan pensar las gentes de bien y, sobre todo, las víctimas. El tipo va a la suya.
Le han reprochado, lo hizo Javier de Andrés, la política penitenciaria que lleva a cabo. Yo le daré una vuelta de tuerca más, como vengo haciendo en distintos puntos. Si desde el primer día hubiera existido la cadena perpetua ETA habría durado muy poco, porque un etarra capturado no tendría ningún valor para la banda, motivo por el que habría sido muy difícil reclutar asesinos. Y como vengo explicando cada vez que ilustro sobre el asunto a Felipe González nos lo quieren convertir en estadista.
O sea, que de haber cadena perpetua este tipo no podría estar soltando etarras porque estarían todos en la calle por la sencilla razón de que no habrían delinquido. Hay otro punto que conviene sacar a relucir. Todo aquel que tiene el cerebro limpio sabe que el nazismo no fue algo surgido en Alemania y que murió con la derrota Hitler. Este sentimiento de odio desenfrenado está presente en el mundo desde el principio de los tiempos y no necesita mucho para manifestarse. Digamos que en los etarras y sus admiradores está presente el mismo odio con que se justificaban los nazis.
Este Pradales, en cuyos dominios se está homenajeando a criminales de la peor especie, sabe que con estas actuaciones gana votos, pero se le escapan otras posibilidades que también están sobre la mesa, y una de ellas es que haya que cambiar todo el sistema político. No puede ser que haya partidos que cobran de España y su cometido sea perjudicar a España.
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