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Incombustible

Juan Carrasco 02 Abr 2007 - 12:00 CET
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En el año 2003 la Academia de Hollywood decidió reverenciar al grandísimo Peter O’Toole otorgándole el Oscar honorífico por toda su trayectoria profesional. Ante semejante homenaje, el siempre polémico actor irlandés reaccionó con un soberano enfado, dejando de paso boquiabierto a todo el mundo, ya que según él, no era el momento de darle un reconocimiento que se convierta en su colofón profesional. No dudó en declarar que aún estaba en disposición de lograr un Oscar por su trabajo actual, y ya habría tiempo para los recuerdos. Finalmente se dignó a recogerlo, pero a regañadientes.

Tras esta aparente salida de tiesto, muchos fueron (fuimos) los que pensaron que a sus años, O’toole, que sin duda es uno de los pocos (poquísimos) grandes mitos clásicos vivos del celuloide, estaba chocheando, o quizá se había dejado llevar por los embriagadores efectos de un cóctel de nostalgia y soberbia.

Y a todo esto, nos plantamos en 2007, y resulta que a sus casi setenta y cinco años, el buen mozo, hecho un chaval, se ha marcado un trabajo memorable en la película Venus, en la que interpreta a un veterano actor y seductor que vive -quizá sea más adecuado el término “sufre”- un apasionado y tierno amor por una muchachita que bien podría ser su nieta. Esta interpretación realmente estelar, cargada de energía y sentimiento, le ha llevado directo, como él mismo nos avisaba hace cuatro años con mal humor, a la nominación al Oscar al mejor actor principal de este año, y sólo Forest “Último Rey de Escocia” Whitaker ha podido evitar que se lo dieran. El caso es que ahí estaba, sentadito con su esmoquin en el Kodak Theatre esperando que abrieran el sobre y con un discurso en el bolsillo. No hay palabras para describir el tremendo mérito que tiene este actorazo incombustible de ojos azul penetrante no sólo por seguir trabajando a una edad en la que la mayoría están intentando recordar en qué día viven, sino por hacerlo así de bien y seguir siendo un mito cuya dignidad y grandeza no le permite arrastrarse por los escenarios. El gran Lawrence de Arabia sigue muy vivo, afortunadamente.

Junto a la nominación al Oscar de la citada cinta que le catapultó al Olimpo, y que ha sido incluida en numerosas listas como la mejor de la historia del cine (lo cual me parece exagerado, porque enumerar algo tan complicado resulta harto imposible) y la de este mismo año por Venus, O’Toole ha sido nominado, para un total de ocho, en otras seis ocasiones más al Oscar al mejor actor; Becket (1963), El león en invierno (1968), Adios, Mr. Chips (1969), La clase dirigente (1971), El especialista (1977) y Mi año favorito (1982) han sido sus otros billetes no premiados para la rifa de la estatuilla de oro, y sin embargo, la tiene en su casa gracias a la suma de tanto boleto perdedor.

Pero, visto lo visto, ya no se puede uno atrever a decir que vaya a ser el único en su carrera, porque sigue trabajando (a la vista está la cartelera), ha vuelto a la primera fila y va a película por año. Lo dicho: ha cerrado muchas bocas con su reciente nominación y seguirá sin haber palabras que añadir ante semejante exhibición. Mis más sinceras disculpas a Mr. O’Toole por haber creído que era un ser mortal.

Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión «Fila 7» en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal «El Cine en la Onda». Confeso seguidor de Neil Gaiman, del Clint […]

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