Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

¿Qué hago yo aquí?

Juan Carrasco 06 Abr 2007 - 16:03 CET
Archivado en:

Por León Ocaña

Abrumado por tanta cara desconocida (hospitalaria y amable, pero desconocida), aprovechó un momento de calma y fue conducido por su timidez en busca de un rato de soledad con la excusa de echar un vistazo curioso por el impresionante caserón: a fin de cuentas, era algo parecido a un turista, ¿no?

Andaba ausente, perdido en sus pensamientos caóticos y admirando la capacidad de aquella gente para mantener un pasillo tan largo sin una sola mota de polvo, cuando se percató de que aquello era tan enorme que no tenía idea de en qué parte se encontraba, así que con toda certeza, por si no se sentía suficientemente inseguro, necesitaría ayuda para regresar a la sala donde había estado tomando ese delicioso té, y de la que salió hacía un rato en busca de oxígeno. Pensó que ya que iba a volver a hacer el ridículo, al menos acabaría su interesante paseo, y con ello retrasaría unos minutos su vuelta al angosto mundo de la sonrisa cordial y estúpida del que no entiende una palabra de lo que oye; así que se decidió a entrar por aquella enorme puerta de madera oscura ornamentada a ver qué nuevo patio o salón le deparaba…

Sin darse apenas cuenta se vio en el centro de una gigantesca habitación, blanca y sin decoración alguna, con cuatro simétricas hileras de hombres postrados de rodillas, mirando todos hacia la misma pared y orando al unísono –no entendía nada de aquella lengua que estaba empezando a desesperarle, pero tenían que estar rezando: ¿qué si no?-. Conocía perfectamente la fama de aquellas gentes de ser muy espirituales, y al sentir que había interferido en el momento sagrado, y sin dedicar ni un solo segundo a aclarar su mente, para su propia sorpresa, comenzó a correr como un niño pequeño que huye del hombre del saco. Por el camino hacia ningún sitio de la galopada a lo largo del pasillo se dijo a sí mismo que parecía idiota por actuar de aquella manera, pero que, con suerte, su grotesca reacción habría evitado que a alguien le hubiera dado tiempo a reconocer al intruso en su sagrado momento de comunión con Dios, o el Profeta, o a quien leches estuvieran rezando. “¿Quién narices me mandará a mí…? ¿Qué diablos hago yo aquí?”, se repetía mientras su corazón parecía que corriera más rápido que él…

Y al fin, tras recorrer el pasillo y atravesar el patio central, encontró una cara conocida que salía de una habitación , y al verle el aspecto de espanto, se apresuró hacia su lado. Allí estaba, hermosísima, inusualmente (por lo que había visto hasta ahora) vestida con vaqueros y una camisa de hombre blanca con bordados en hilo rojo. El cabello, ensortijado, le caía por los hombros como oro negro, y su piel suave lo hizo estremecerse -siempre había poseído ese poder mágico sobre él- una vez más al tomarle de la mano. Le sonrió con esa ternura hechicera suya y le dijo: “Te he estado buscando por todos lados”. ¡Una frase en su propio idioma! Menudo alivio de haberse topado con ella; ya se iba serenando, pero los nervios todavía le dieron para balbucearle que había sido sin querer, que no era su intención profanar aquella habitación, y que sentía haber roto por accidente mientras corría esa vasija de su familia que adornaba el pasillo.

La sonrisa de ella se hizo aún mayor, le abrazó y le rozó la mejilla con sus labios carnosos y suavísimos. La calidez del contacto de su cuerpo y el perfume de su pelo le hicieron calmarse del todo. Ahora se sentía seguro. Ella apoyó delicadamente la frente en su sien, y comenzó a susurrarle en su árabe natal. Ahora ya no sonaba extraño ni amenazador. Seguía sin entender una palabra, pero ya recordaba qué es lo que estaba haciendo allí…

Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión «Fila 7» en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal «El Cine en la Onda». Confeso seguidor de Neil Gaiman, del Clint […]

Más en Sesión golfa

Mobile Version Powered by