Por León Ocaña
Tengo miedo; mucho. Me avergüenzo de mí mismo por ello. No soy digno de portar el estandarte del Emperador del mundo. Sin embargo no puedo sobreponerme a esa sensación, y sólo he sido capaz de enmascarar mis sentimientos a los legionarios que forman impecables detrás de mí, sujetando firmemente sus pilums con el semblante muy tenso. Pobres: les compadezco. La séptima es una cohorte de reclutas jóvenes e inexpertos, y deben de estar pasándolo aún peor que yo. Para colmo, empieza a llover de nuevo, como si en esta tierra demoníaca no hubiera bastante con la eterna niebla que te cala hasta las entrañas.
Hace ya un tiempo prudencial que envié a un par de emisarios para comunicar a los bárbaros mi deseo de parlamentar. Deberían estar a punto de volver. Espero que se rindan pacíficamente ante lo que se les avecina. Cómo odio a estos animales siempre enfurecidos que sólo saben babear en idiomas indignos y luchar como fieras. Pero me ha informado mi avanzadilla de que este inesperado grupo de resistentes que no deberían estar por esta zona es inferior en número y se verá sorprendido por nuestra presencia. Todo marcha bien y quizá vuelva al campamento del sur llevando un valioso botín en forma de prisioneros.
“Tú y tú”, dije completamente al azar, señalando con mi gladius a dos de los que formaban en la primera fila. Uno tenía planta de fornido curtidor o herrero, o algo parecido: canoso, corpulento, semblante sosegado y mirada de resignación, pero con fuerza interior. El otro se parecía a mi sobrino; me arrepentí de señalarlo nada más hacerlo, pero no podía mostrar la más mínima duda, así que me mantuve firme e inescrutable lamentándome por mi mal tino: el joven muchacho era delgaducho, moreno de pelo y tez, barbilampiño y, asustado como un conejo, apretaba las rodillas una contra la otra para que no se le notara que le estaban temblando las piernas. “Vosotros iréis a decirle a su jefe que estoy aquí dispuesto a parlamentar: ¡daos prisa!”. Y todavía no han vuelto, los condenados…
¡Cochina tierra de rufianes malolientes! ¿Esta gente no sabe lo que quiere decir parlamentar? El ataque a traición desde el flanco derecho me dice que me he equivocado suponiéndoles honor. Que Minerva nos asista…
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