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Red de mentiras: realidad de mentira

Juan Carrasco 10 Nov 2008 - 09:47 CET
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Ridley Scott es uno de esos afortunados realizadores que están acostumbrados a amortizar bastante bien los proyectos en los que se embarcan, y prueba de ello es American Gangster, ignorada por la Academia, y triunfadora en las taquillas del año pasado. Sin embargo, con Red de mentiras se está enfrentando a lo que en los últimos tiempos no conoce, puesto que no ha tenido la acogida esperada por parte del espectador, sobre todo en Estados Unidos. Es muy probable que se deba a que el tema del terrorismo islámico esté ya tan visto y tan trillado que la gente no se mete en el cine para ver lo que ya tiene en dosis más que indigestas vía medios de comunicación diarios. Además, el estilo pretendidamente realista del film, por mucho que luzca el buen hacer de Scott tras las cámaras, refuerza que esa idea de “nada que no tengamos ya visto y de lo que, dicho sea de paso, estamos hartos” planee por los cerebros de los que tienen que pagar una entrada por algo que creen que les va a hacer pasar un rato de desconexión y entretenimiento.

Y digo que el estilo es pretendidamente realista porque su estética de cámara vertiginosa, muchos exteriores y mucha gente de la calle tiene cierto aire a títulos como Syriana o la última entrega de la saga del agente Bourne, pero su guión no da concesiones a una visión que no haya pasado antes por el filtro de lo comercial hollywoodiense; los estudios aportan ramalazos de colorido y espectacularidad a una historia que se hace agradable de ver, pero se queda a medio camino entre aquello en que se inspira y a lo que aspira, no logrando ni lo uno ni lo otro, con aroma a denuncia patria, romance con calzador y soplos de trama de espionaje a lo James Bond, todo ello agitado y bien mezclado.

El reparto, de verdadero lujo, no desentona con la tónica general del proyecto, y realiza una buena labor sin llamar demasiado la atención. DiCaprio se separa por un instante y sin que sirva de precedente de papá Scorsese para demostrar que es buen actor dirigido por otros pesos pesados de la dirección (que el caché es el caché), y encarna decorosamente al agente de la CIA ultraputeado y megaconcienciado de misión en Oriente Medio (casi nada en los tiempos que corren). Russell Crowe, con menos que demostrar a estas alturas de su carrera, está igual de correcto en el papel de mandamás yanki con doble moral que entra en los sitios como búfalo en una cacharrería (el toque ácido y lo más creíble del film); para su papel ha engordado lo indecible (en mi opinión -aunque no sea la primera vez que hace estos esfuerzos de sobrepeso por una película: a El dilema me remito-, de manera innecesaria, porque no aporta gran cosa al personaje) y se le ve encanecido y atípicamente persona normal de a pie.

En resumidas cuentas, aunque se olvidará pronto, podemos decir que estamos posiblemente ante una de las mejores películas que se pueden ver en una época terriblemente mala y con una cartelera que da ganas de llorar a gritos. No sé si eso es mucho o poco, pero es lo que hay.

Dirección: Ridley Scott. Título original: Body of lies. Duración: 128 min. Intérpretes: Leonardo DiCaprio (Roger Ferris), Russell Crowe (Ed Hoffman), Mark Strong (Hani), Golshifteh Farahani (Aisha), Oscar Isaac (Bassam), Ali Suliman (Omar Sadiki), Alon Aboutboul (Al-Saleem), Vince Colosimo (Skip), Simon McBurney (Garland), Mehdi Nebbou (Nizar), Michael Gaston (Holiday), Kais Nashif (Mustafa Karami). Guión: William Monahan; basado en la novela de David Ignatius. Producción: Ridley Scott y Donald De Line. Música: Marc Streitenfeld. Fotografía: Alexander Witt.

Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión «Fila 7» en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal «El Cine en la Onda». Confeso seguidor de Neil Gaiman, del Clint […]

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