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El retrato de Dorian Gray: decadencia

Juan Carrasco 20 Jun 2010 - 12:59 CET
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¿Venderías tu alma al Diablo? Para los poco leídos o desconectados de las historias populares (gustos hay de todos los colores), el relato que se adapta en esta ocasión por enésima vez al cine trata sobre un joven aristócrata británico que, tras criarse alejado del mundanal ruido de la urbe, vuelve a Londres hecho un hombre apuesto, rico e ingenuo (mala combinación) que decide dejarse llevar por los placeres de la vida. De la mano de su amigo lord Henry Wotton, Dorian Gray descubrirá la noche, la depravación que puede acompañarla y la mala vida en general; su obsesión es el Carpe Diem eterno, y con el paso de los años parece que lo ha encontrado: su juventud, a pesar de los pecados cometidos, nunca se marchita gracias a un enorme secreto en forma de lienzo que protege, nunca mejor dicho, con su vida.

La producción del innegablemente británico Oliver Parker (Otelo, La importancia de llamarse Ernesto) desprende por todos sus poros un ambiente de deliberada decadencia que en no pocas ocasiones desemboca en sopor y contagia de esa misma decadencia tanto a ritmo como a guión, si bien se guarda un par de ases con atinados diálogos entre el protagonista (un irregular Ben Barnes que no llega a convencer ni con su lado ingenuo ni con el depravado) y el anteriormente citado Henry Wotton (estupendo Colin Firth, cargando de personalidad y malicia a un personaje muy alejado de los papeles que estamos acostumbrados a ver de este gran actor); el reparto lo completan nombres como Ben Chaplin (La verdad sobre perros y gatos, Belleza prohibida, Alta sociedad) o Rebecca Hall, una de las musas de Woody Allen en Vicky Cristina Barcelona. Toda la producción muy “made in U.K.”, como puede comprobarse.

Sin embargo, la mejor escuela de cine del mundo no ha llegado en esta ocasión a la altura de que a Oscar Wilde, el gran genio de la palabra, pudiera sentirse medianamente atraído por este legado suyo que huele a película flojilla y olvidable, y eso con buena predisposición. Exteriores cuyo artificio salta a la vista, montaje “a saltitos” demasiado moderno para recrear la época victoriana (bien reflejada en su vestuario, por otro lado), y sonido efectista de cine cutre de terror roban la mayor parte de la carga psicológica y de la fuerza real de esta historia inmortal en su contenido y atemporal en su mensaje.

En suma, repetimos lo siempre sostenido desde este rincón: si no puedes aportar algo nuevo a lo ya visto (y en este caso, revisto), dedícate a otra cosa. Si Oscar Wilde levantara la cabeza, sin duda descubriría una nueva dimensión de la palabra decadencia…

Dirección: Oliver Parker. Título Original: Dorian Gray. País: Reino Unido. Intérpretes: Ben Barnes (Dorian Gray), Colin Firth (lord Henry Wotton), Ben Chaplin (Basil Hallward), Rebecca Hall (Emily Wotton), Rachel Hurd-Wood (Sybil Vane), Emilia Fox (Victoria Wotton), Fiona Shaw (Agatha). Guión: Toby Finlay; basado en la novela “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde. Montaje: Guy Bensley. Música: Charlie Mole. Fotografía: Roger Pratt. Vestuario: Ruth Myers. Producción: Barnaby Thompson.

Juan Carrasco

Éste homínido ceutí es crítico de cine desde hace años en el diario El Faro de Ceuta, así como responsable del espacio cinematográfico y de opinión «Fila 7» en la web www.ceuta.com y colaborador en la emisora de radio Onda 0 con su sección semanal «El Cine en la Onda». Confeso seguidor de Neil Gaiman, del Clint […]

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