En el cine hay géneros que no caducan y que existen prácticamente desde que se inventó eso de ver historias en una pantalla; uno de ellos es el de ladrones y policías (especial gustito parece dar en plena crisis mundial ver cómo una banda de tipos malos que caen bien se hacen con el botín de uno de esos bancos que nos tienen negadas las hipotecas), que conectaron, conectan y conectarán siempre con el espectador.
Sin embargo resulta muy curioso el fenómeno del cine cíclico, o las oleadas temáticas provenientes de una moda o que pretenden marcar tendencia de la misma. Sin inventar la pólvora, puesto que se trata de géneros muy recurrentes (por no decir desgastados en muchos de los casos), repentinamente aparece un año una salva de películas de gángsteres, al que responde un bombardeo de cine histórico, o de magos… Este parece ser año de latrocinio y mangamiento, así que a la segunda cinta de Ben Affleck, Ciudad de ladrones le sigue Ladrones a secas, la que hoy ocupa el foco de estas líneas.
El director que juega con tibio resultado a ser Michael Mann es John Luessenhop, bastante inexperto y que toma los mandos de dirección y guión en este proyecto, y si bien nos regala momentos de acción trepidante, comete ese error tan de actualidad que es saltarse a la torera la importancia de una historia que transmita, y de unos diálogos que no resuenen a cliché remanido.
El tema puede olerse desde muy lejos: banda de golfoapandadores que organizan un buen numerito para esquilmar un furgón blindado (el furgón es el elemento de actualidad en las películas de robos), desconfianzas, filias y fobias internas que tienen su chicha (peleas de faldas incluidas para que haya de todo) y muchas balas; a ello debemos añadir lo que toda buena cinta del género posee, que no es otra cosa que el cruce de caminos entre los chicos malos y un policía con carisma (interpretado por Matt Dillon), compañero con vínculo afectivo y tenacidad a raudales que decide que ese mes le toca atraparles y no va a cesar en su intento hasta que uno de ambos bandos acabe mal parado. Como integrantes de la banda nos podemos encontrar rostros como los de Hayden “Darth Vader” Christensen, Paul Walker (varias entregas de Fast and Furious), Chris Brown o Zoë Saldana (en un papelito “estelar” que además de dejarse ver, casi ni tiene diálogos), que pueden sonarnos al ser semifamosos.
Con todo, una ocasión de huir de este frío que nos azota hasta el colodrillo en la sala calentita de un cine con una película que olvidaremos pronto, pero que no nos hará preferir no haber entrado. En otras palabras: cine de abrir boca esperando proyectos mejores, decentito y sin chicha ni limoná.
Dirección: John Luessenhop. Duración: 109 min. Intérpretes: Matt Dillon (Jack Welles), Paul Walker (John Rahway), Idris Elba (Gordon), Jay Hernandez (Eddie), Michael Ealy (Jake Attica), Tip “T.I.” Harris (Ghost), Chris Brown (Jesse Attica), Hayden Christensen (A.J.), Zoë Saldana (Lilli). Guión: Peter Allen, Gabriel Casseus, John Luessenhop y Avery Duff. Producción: Will Packer, Tip “T.I.” Harris y Jason Geter. Música: Paul Haslinger. Fotografía: Michael Barrett. Montaje: Armen Minasian. Diseño de producción: Jon Gary Steele. Vestuario: Maya Lieberman.
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