Me meto constantemente con los remakes, secuelas, precuelas, reborns y sucedáneos por lo nulo de su aportación real al espectador, que es lo que debería contar. Sin embargo, una película como Tron, con una puesta en escena tan osada, cuyos medios hacen recordar a La Guerra de las Galaxias, con un mundo de posibilidades por descubrir y explotar como el interior de esta Red informática que se nos plantea, estaba llamada a gritos para ser retocada por la tecnología abrumadora que nos rodea en el cine de nuestros días.
Hace nada menos que veintiocho años, Disney deslumbró a una generación con una película que se enmarcaba en el género de ciencia ficción con orgullo y en el mejor sentido posible del término, con una estética deliberadamente videojueguera y con efectos especiales que dejaron con la boca abierta; eso sí, si en los ochenta nos costó ensamblar el argumento, que pretendía y lograba abrumarnos con términos que han resultado ser palabrería y chorradas a mansalva para que nos focalizar en lo que estaba ante nuestras narices, definitivamente las explicaciones bien entrados en el siglo XXI nos hacen partirnos de risa cuando la revisionamos no sin grandes dosis de nostalgia.
Tron Legacy tiene el gran mérito de poner con absoluto respeto a la estética y los personajes el punto y seguido de la original, y el igualmente gran defecto de que el concepto principal que da vida a todo sigue siendo demencial e irrisorio.
Jeff Bridges vuelve a encarnar a Kevin Flynn, su personaje tantos años después, ahora con un hijo coprotagonista (Garrett Hedlund) que investiga la desaparición del propio Bridges hace veinte años, y que desembocará en el esperado reencuentro dentro de la disparatada pero atractiva y peligrosa Red, un mundo paralelo en el que su padre ha estado viviendo todo este tiempo; en ella se topa con un salvaje mundo irreal donde existen feroces luchas a muerte al más puro estilo de un apasionante videojuego de supervivencia. Con la ayuda de una joven “nativa” de la tierra de los chips (Olivia “House” Wilde), padre e hijo correrán (nunca mejor dicho) la aventura de sus vidas, perseguidos por un nuevo villano que sorprenderá y por los antiguos cacharros antagonistas con aire renovado.
Fiel al espíritu de la primera entrega, sigue sin entenderse gran cosa, y lo que se entiende nos hace sonreír por lo pueril de su planteamiento, pero acabamos con ganas de comprarnos el videojuego, impactados por lo vertiginoso y atractivo de su puesta en escena.
Dirección: Joseph Kosinski. Intérpretes: Jeff Bridges (Kevin Flynn/Clu), Garrett Hedlund (Sam Flynn), Olivia Wilde (Quorra), Serinda Swan (Sirena 2), Bruce Boxleitner (Alan Bradley), Beau Garrett (Gem), Michael Sheen (Castor), James Frain (Jarvis). Guión: Edward Kitsis y Adam Horowitz; basado en un argumento de Adam Horowitz, Brian Klugman, Edward Kitsis y Lee Sternthal; basado en los personajes creados por Steven Lisberger y Bonnie MacBird. Producción: Sean Bailey, Steven Lisberger y Jeffrey Silver. Música: Daft Punk. Fotografía: Claudio Miranda. Montaje: James Haygood. Vestuario: Michael Wilkinson.
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