Desde tiempos de La fiera de mi niña, con los inmensos Katharine Hepburn y Cary Grant, el término “comedia ligera” ha sufrido significativas variaciones de concepción, si bien sigue siendo sinónimo de buenos resultados en taquilla. ¿Dónde reside el éxito de un producto industrial que siempre se sale con la suya? Seguramente la clave está en un final feliz a toda costa, un guión que tenga hilarantes momentos clave que poner en el tráiler y, sobre todos los demás ingredientes, un cuidado reparto con caras reconocibles y química entre ellos: efímero o no, eso depende de la calidad final, afluencia masiva garantizada.
El escogido para dirigir esta orquesta es el director de Notting Hill, todo un referente, y hablando de referentes, Rachel McAdams (El diario de Noah, Sherlock Holmes) Harrison Ford, Diane Keaton y Patrick Wilson (El Equipo A, Watchmen) son las caras conocidas que encabezan el reparto. McAdams es Becky Fuller, una talentosa y joven productora de televisión que, siempre traumático despido anterior de por medio, acaba enrolada y emocionalmente implicada en reflotar un mítico programa mañanero de televisión en sus horas más bajas. Para la complicada labor realizará una renovación que incluye poner al frente del mismo a los personajes de nada menos que Diane Keaton (veterana quemada de la cadena) y Harrison Ford (antigua estrella que se considera indigno de que los insignificantes terrícolas pisen el mismo suelo que él); aceite y agua que al mezclarse debidamente propiciará alguna que otra necesaria sonrisa que llevarse a la boca. Patrick Wilson vendrá a ser lo que en yankilandia llaman el “love interest” de la protagonista (en nuestro idioma, florero comprensivo de sonrisa bonita), para que no falte de nada.
La combinación del mencionado plantel, de garantías en fondo y forma, reconoce sin tapujos ser el eje en torno al que gira toda esperanza de un proyecto agradable, efímero y distante de otros nombres con más logros como El Diablo viste de Prada (guión de la misma autora que el que nos atañe).
El caso es que, aunque la fórmula del éxito les vuelve a funcionar a las mil maravillas, tanto a los productores de la película como al personaje principal de la misma, hay que anunciar en su justa medida que todo va claramente de más a menos hasta llegar a un último trecho de la historia en el que se traspasan los límites del cliché para forzar un final de colorines que deja tambaleándose la credibilidad de la trama. Lo mejor, volver a ver a Harrison Ford en un papel que merezca su esfuerzo, aunque empieza a abusar de su legendaria media sonrisa, rozando peligrosamente el tic…
Dirección: Roger Michell. Duración: 108 min. Intérpretes: Rachel McAdams (Becky Fuller), Harrison Ford (Mike Pomeroy), Diane Keaton (Colleen Peck), Patrick Wilson (Adam Bennett), Jeff Goldblum (Jerry Barnes), Ty Burrell (Paul). Guión: Aline Brosh McKenna. Producción: J.J. Abrams y Bryan Burk. Música: David Arnold. Fotografía: Alwin H. Küchler. Montaje: Dan Farrell, Nick Moore y Steven Weisberg. Vestuario: Frank Fleming.
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