Aunque en la mayoría de las ocasiones se antoje tarea tan osada como difícil, ver una película sin tener idea de su argumento puede llegar a ser un gran placer, afirmación con la que coincide el famoso autor de La piel que habito; y es verdad que en el caso del siempre original cine de Pedro Almodóvar, ir con la mente limpia de polvo y paja suele ser un añadido. Es por ello que, fiel a esta idea, evitaré referencias argumentales que puedan convertirse en un incordio para futuros espectadores de la cinta.
Durante una primera media hora sicodélica en exceso incluso para tratarse de este autor, en la que reina el desconcierto y el absurdo hasta un punto en que el aburrimiento comienza a poder con la expectación, los saltos temporales y las vagas explicaciones dan paso a una paradójicamente académica medición de los tempos del metraje, con puntos de alto interés en los instantes importantes de la cinta, que se acentúan porque los puntos bajos son demasiado bajos, y ello dibuja un gráfico demasiado parecido a una irregular cadena montañosa.
La estética, música de Alberto Iglesias y fotografía, eso sí, son fieles al padre que las parió y merecen ser disfrutadas con la misma intensidad que detalles de la actuación de la citada Anaya, de Marisa Paredes o de Jan Cornet, el «rarito» del elenco (ya lo entenderán). Por último, también tenemos en un suculento y desaprovechado papel a un Antonio Banderas que profesionalmente ha conocido tiempos mejores y que supone, con lo que ello conlleva y el río de tinta que ha habido de por medio, el reencuentro entre director y actor fetiche.
Con todo lo mencionado, esta no es una excepción, el cine de Pedro Almodóvar siempre tiene algo que le hace ser merecedor de nuestro tiempo, y los momentos de thriller son emocionantes, así como innegable la calidad artística; hasta la escena totalmente fuera de lugar, la del cameo de Agustín Almodóvar (de las pocas licencias claramente humorísticas que se toma el proyecto), a la altura de la mítica «testiga de Jehová» de Chus Lampreave, se revela gloriosa, y uno de mis lemas es que, por innecesaria que sea, ninguna escena gloriosa es prescindible.
¿Merece la pena ser visto este nuevo giro almodovariano con mucho de autobiografía flotando en el ambiente? Sin duda. ¿Ha hecho cosas mejores? Igual de contundente y afirmativa es la respuesta.
Dirección: Pedro Almodóvar. Duración: 120 min. Guión: Pedro Almodóvar; inspirado en la novela “Tarántula”, de Thierry Jonquet. Intérpretes: Antonio Banderas (Robert Ledgard), Elena Anaya (Vera), Marisa Paredes (Marilia), Jan Cornet (Vicente), Roberto Álamo (Zeca), Blanca Suárez (Norma), Eduard Fernández (Fulgencio), José Luis Gómez (Presidente del Instituto de Biotecnología), Bárbara Lennie (Cristina), Susi Sánchez (madre de Vicente), Fernando Cayo (médico). Producción: Agustín Almodóvar y Esther García. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: José Luis Alcaine. Montaje: José Salcedo. Vestuario: Paco Delgado, con la colaboración de Jean-Paul Gaultier.
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