Cierto toque inclasificable de esta cinta ha posibilitado a aquellos que gustan de hilar fino asociarla con el sesudo subgénero del “cine dentro del cine”, en el que se suele diseccionar el escenario propio de un rodaje y las sombras que proyectan los cineastas en el proceso de elaboración de una película. No obstante, Argo toca tangencialmente esa faceta en el devenir de los acontecimientos, pero poco tiene de La noche americana, El crepúsculo de los dioses, Cazador blanco, corazón negro o Ed Wood, por poner ilustres ejemplos que focalizan mucho más la atención en los entresijos del mundillo cinematográfico, la trastienda de fama y demás extravagancias que trae consigo. La última producción del director (sí, se ha ganado ser llamado así) Ben Affleck tiene hechuras de thriller con ritmo de cine político “redfordriano”, finos toques de cinefilia y también bastante humor, suficientes ingredientes como para que cuando menos resulte complicado catalogarla.
Tras la meritoria acogida de Adiós, pequeña, adiós y The Town: ciudad de ladrones, sus anteriores trabajos tras la cámara, Affleck se destapa ahora con este interesante trabajo y se confirma como un sólido artesano clasicista y académico con muy buen criterio y una inesperada habilidad para la lectura del tempo del guión. Definitivamente demuestra suma inteligencia para plasmar con esa claridad un libreto complejo y farragoso, y ello contrasta con sus claras carencias como actor. Si sumamos uno más uno la cosa apunta a que todos saldríamos ganando si se centra en crear más que en interpretar.
Hablando de tipos listos, George Clooney apoya financieramente esta osadía de ambientación setentera sencillamente perfecta que tiene su origen en la historia real de seis trabajadores de la embajada de Estados Unidos en Teherán, que en plena revuelta popular huyen y se refugian en la hermana embajada canadiense, sabiendo que es muy probable que los localicen y sufran un mal final. El otro cabo de la soga es Tony Mendez, un agente de la CIA especialista en operaciones especiales que desde la desesperación y la impotencia urde el descabellado e ingenioso plan de fingir una película y la búsqueda de localizaciones para hacer pasar a los diplomáticos por parte del equipo de rodaje y facilitarles así la huída.
Para contar esta historia Affleck se rodea de un reparto solvente y con experiencia que funciona como un reloj, en el que suenan nombres como los de Bryan “Breaking Bad” Cranston, John Goodman, Alan Arkin o Tate Donovan. Curiosamente es el papel protagonista, que el realizador se ha reservado para sí mismo, el que menos fuerza aporta a la composición final, resultando un tanto insulso y anodino, lo cual y viendo el estupendo resultado a los mandos del proyecto refuerza la teoría de que mejor detrás de la cámara que delante.
Dicen los mentideros hollywoodienses, quizá con cierto toque de sobreexcitación, que Argo llegará lejos en la carrera de los Oscar. Ya queda menos para saberlo…
Dirección: Ben Affleck. Duración: 120 min. Itérpretes: Ben Affleck (Tony Mendez), Bryan Cranston (Jack O’Donnell), John Goodman (John Chambers), Alan Arkin (Lester Siegel), Victor Garber (Ken Taylor), Tate Donovan (Bon Anders), Clea DuVall (Cora), Kyle Chandler (Hamilton), Scoot McNairy (Joe), Chris Messina (Malinov), Taylor Schilling (Christine Mendez). Guión: Chris Terrio; basado en un capítulo de “El maestro del disfraz”, de Antonio J. Mendez; y en el artículo “The great escape” de la revista Wired, escrito por Joshuah Bearman. Producción: George Clooney, Grant Heslov y Ben Affleck. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Rodrigo Prieto. Montaje: William Goldenberg. Vestuario: Jacqueline West.
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