Parece tan lejana ya la época dorada de Hollywood, allá por la década de los 50 del siglo pasado, que igualmente también parece una locura que hablemos de la actualidad cuando mencionemos a una integrante de aquella vida glamurosa que trabajó con Alfred Hitchcock, Elia Kazán, Marlon Brando o Cary Grant. Suena casi a broma, “amazing”, que diría un mitómano en su Estados Unidos natal, pero Eve Marie Saint (Newark, Nueva Jersey, 4 de julio de 1924) está vivita y coleando, y ha cumplido recientemente nada menos que un siglo de vida.
Tuvo unos comienzos difíciles, y se curtió entre rechazos, hasta que llegó su primera película, precisamente La ley del silencio, que le supuso ya no bajarse de la cresta de la ola en el resto de su trayectoria, ya con un Oscar en su poder.
No obstante, no fue su trayectoria profesional como la de otras, y priorizó la vida familiar en detrimento de una mayor repercusión mediática. Durante la segunda mitad de la década de los 50, Eva Marie Saint era un nombre en boca de todos, pero muchos se preguntan por qué no se hizo aún más famosa después. Fue una decisión propia, pues rechazó muchos papeles en películas para priorizar a su familia. Cuando su agente le advirtió del hecho de que “nunca sería una superestrella si no trabajaba más”, ella simplemente respondió: “Supongo que no quiero ser una superestrella”.
Pues la superestrella, al final sí que lo fue, cumple ahora cien añitos de nada, y es una ventana abierta y viva al cine de otra época que ya nunca volverá, una época en la que el negocio de contar historias era del material con el que se construyen los sueños.
“No me siento como si tuviera 100 años. Sigo saliendo a caminar al aire libre, viendo béisbol, especialmente a los Dodgers de Los Ángeles, y disfruto del tiempo con mi familia y amigos. Una buena vida”, explicaba a un periodista, añadiendo que iba a celebrar su centenario por todo lo alto. Esa es la actitud, sin duda alguna. “Estoy deseando pasar mi cumpleaños número 100 en Los Ángeles, con mi querida familia. Cuatro generaciones de familiares de Los Ángeles, Chicago, Santa Bárbara y San Francisco se reunirán conmigo”. Dicho y hecho. Muchas felicidades al mito dorado de cabello dorado.
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