Pegados a la calle

Pegados a la calle
Fernando Ayala Vicente

Si bien los Partidos indican que continuamente están receptivos a lo que les dice la gente, a nadie se le escapa que son precisamente los últimos meses antes de unos comicios donde los expertos, los asesores, los responsables de áreas temáticas, se ponen a trabajar con denuedo para confeccionar la oferta que configurarán los programas electorales de cada uno.

Es cierto que se necesita un elevado nivel de erudición, así como un arduo trabajo de despacho para maquinar estrategias, medidas contundentes, eslóganes, cuestiones desarrolladas y otras meramente esbozadas…

También que supuestamente se han recibido propuestas de colectivos ciudadanos, Asociaciones, Plataformas…. que puedan hacer más atractivo y cercano el catálogo de medidas a presentar.

Pero no lo es menos que el test definitivo está en la calle. Salir a pasear, comprobar medio de incógnito lo que en realidad le preocupa a la gente. Escuchar las quejas en la sala de espera de un Hospital, los chascarrillos sobre la actualidad política de unos jubilados, la «amistosa» discusión entre una madre y su hija adolescente, el desencuentro entre un adulto y su madre anciana por las prioridades de la semana o en definitiva el debate en torno al café de las 11 que tiene mucho más jugo que la mayoría de las tertulias políticas de las cadenas de televisión y radio.

Son, por consiguiente, los indicadores de que es falsa e interesada la supuesta desafección por la política en la sociedad española. Y no estoy hablando de ninguna capa de edad, ni de ningún grupo. A los denostados jóvenes, acusados de estar al margen, en términos generales, de las cuestiones públicas, se les puede ver desvivirse apasionadamente por las cosas que realmente les interesan: el trabajo, su futuro, su formación, su ocio… todas ellas relacionadas con la política en su más estricto sentido.

Lo mismo sucede con las mujeres, los mayores, los parados de más de 45 años, los de menos de 25, los profesionales mal pagados, los desahuciados, los deportistas, los amantes de la noche, los de la naturaleza, los escritores, los cinéfilos….

En fin, aprovechemos para formular apuestas concretas y exijamos, ya lo he insistido en numerosas ocasiones, que se cumplan. Nos lo van a pedir de una manera u otra: en las urnas o en la calle.

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