
Bruno Finel
El gobierno español ha cesado oficialmente a su embajador en Israel, según un real decreto publicado el miércoles en el Boletín Oficial del Estado.
El primer ministro español se opone a los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán y pierde toda credibilidad occidental. © Mena Today
Compartir El gobierno español ha cesado oficialmente a su embajador en Israel, según un real decreto publicado el miércoles en el Boletín Oficial del Estado.
El embajador ya había sido llamado a Madrid desde septiembre de 2025, en medio de la creciente tensión entre ambos países.
La decisión no sorprende a un gobierno cuya coalición incluye una facción de extrema izquierda propalestina, y cuya política exterior se ha definido menos por intereses estratégicos que por posturas ideológicas.
El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, ha hecho de la crítica a Israel una piedra angular de su identidad política. Su gobierno fue uno de los primeros en Europa en reconocer un Estado palestino en 2024, una decisión que llevó a Israel a retirar a su embajador de Madrid.
Ahora, con el decreto del miércoles, la ruptura diplomática es total. España e Israel prácticamente no tienen representación diplomática en sus respectivas capitales.
Sánchez también se ha mostrado enérgico en su oposición a los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, alineándose, deliberadamente o no, con el régimen teocrático de Teherán en lugar de con los intereses estratégicos occidentales.
¿El resultado? España no tiene peso en Oriente Medio. No dialoga con Israel. No tiene credibilidad con Estados Unidos. No influye en el resultado del conflicto regional más trascendental en décadas.
En el ámbito nacional, Sánchez gobierna un país profundamente dividido, apuntalado por una frágil coalición y con niveles históricos de impopularidad. En el exterior, se dirige a la galería de la izquierda radical mientras rompe lazos con aliados clave.
Presumir de política exterior no es una estrategia. Y en Oriente Medio, la irrelevancia tiene consecuencias.
Home