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La conspiración, el agit-prop y lo ajeno

Pilar Aizpún Bobadilla 16 Nov 2006 - 14:18 CET
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Preguntado el filósofo Alejandro Llano sobre qué debíamos hacer los católicos para alcanzar una mayor presencia en la vida pública, respondió: Conspirar. Todas las revoluciones se han forjado conspirando. Y aunque parezca mentira, esto pasó en Pamplona. Una invitación a la conspiración. Soy partidaria, que conste. No suelo estar de acuerdo con él en cuestiones políticas. Lo considero un claro epígono de la Modernidad, un “mayo del 68”, y yo me veo más bien como un subproducto de la postmodernidad adscrita a los nuevos conservadores. Vamos, traduciendo, que yo soy de derechas y él es algo progre. Pero en esto de la conspiración estoy de acuerdo con él y no con nuestro insigne Federico, al que admiro por su capacidad de estar despierto y agitadísimo a unas horas en las que yo apenas atino a echar el café dentro de la taza. Don Federico –Losantos- opina que conspirar es reunirse para tramar algún mal. Yo opino que eso lo piensa él porque en tiempos fue comunista y escribía en el Viejo Topo. Y allí, claro, todos conspiraban con perversas intenciones, y además, lo hacían muy bien porque siempre fueron hábiles para manipular la opinión pública y hacerse con ella. De hecho, creo que esa inquina de la izquierda contra Federico nace de su capacidad de ser como ellos. Es un auténtico agit prop. Y en efecto, los de derechas no sabemos hacer propaganda ni conspirar, en general, pero es algo que tendremos que aprender antes o después. En el mundo de hoy, la comunicación lo es todo. Y además, soy de la opinión de que uno puede igualmente conspirar para el bien, y debe intentarlo, de hecho. Digo yo.

Y ahora se me enfadará la izquierda por poner la conspiración buena en el lado de la derecha y la mala en el lado de la izquierda. Pero que quieren, no lo puedo evitar. Las conspiraciones de la izquierda actualmente me asustan. No entiendo que alguien como Maria Teresa Fernández de la Vega, cuya ideología es fundamentalmente el feminismo radical, pueda aceptar la Alianza de Civilizaciones de Zapatero y Erdogán. Porque esa dichosa Alianza es una conspiración. Zapatero conspirando con el Islam y algún que otro despistado que les hace de consorte. Y empujando para que los turcos entren en Europa. En definitiva, el método de acercamiento de Zapatero consiste en ceder ante según quién para aplacarlo. Según quién suele ser alguien bastante bruto a la par que indeseable, con perdón, y nada cercano a nuestra civilización. Que alguien se cargó Bizancio y no fui yo. Pero nuestro ínclito Zapatero no suele ceder en sus cosas: suele ceder lo que no es suyo, lo de los demás. La tierra de los demás, la libertad de los demás, la justicia que se debía haber hecho a los demás, los derechos humanos de los demás, la pasta de los demás. A Erdogan no le ofrece una de sus hijas en matrimonio, como solían antaño los reyes medievales. Le ofrece los derechos humanos y los espacios de libertad de las hijas de otros. Por eso me asusta que en la entrevista de ayer a Le Figaro se le escapara eso de: “…el Gobierno ha cumplido su parte del contrato y ahora la pelota está en el campo de ETA». La pregunta que me hago es: ¿qué ha firmado este señor con la ETA? ¿Qué había en ese contrato? ¿Qué se ha cumplido? A mi me da miedo. Esto me suena a conspiración, y aunque ellos defienden que es para el bien, yo no lo veo claro. Este es un pequeño problema de la izquierda: consideran lo ajeno como algo perfectamente enajenable. Por eso no me gustan las conspiraciones de izquierdas. Casi siempre acaban mal…para los demás.

Pilar Aizpún Bobadilla

Apasionada de Occidente, de la actualidad, de la política y de las ideas. Estoy muy agradecida a los que lucharon por dejarme a mí el mejor de los mundos, así que intento entender hacia dónde vamos y qué mundo les vamos a dejar a los que vienen después

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