Siento ser políticamente incorrecta, pero no pienso ir a ninguna manifestación por la Paz. La Paz es algo demasiado serio como para mezclarla en esta chirigota de mafiosos y sinvergüenzas. En España, que yo sepa, no hay ninguna guerra. Hay unos delincuentes mafiosos que intentan un golpe de Estado para obtener el poder en una parte del territorio español, y quedárselo.
Pero como ellos son listos y nosotros no, y ellos saben manipular el lenguaje, a sus actos criminales les llaman «conflicto», y ahora han conseguido que una población bienintencionada y sumamente despistada entre en su juego y pida «la paz». Esta panda de delincuentes no quiere la paz, quiere el poder. Y lo va a conseguir a través de un proceso que un tal Rodriguez llama «de paz», y que es de rendición del Estado de Derecho y de traición de sus ciudadanos. Nos venden de saldo. A lo de Barajas, Rodríguez lo llama «trágico accidente». Ya hemos conseguido dar un paso más. Ahora, los muertos de ETA ya no son muertos, y las manifestaciones ya no son contra el terrorismo de ETA, sino por la Paz.
Y ahí está UPN. Y a la gente buena le gusta el gesto. Y todos aplaudimos la unidad de los «no sé quienes» con las orejas. Y los de la ETA cada día más contentos.
Tengo que reconocerlo, ellos han ganado. Son más listos, más trabajadores, más implicados que nosotros. Viven de la mentira, pero su mentira les da vida. Son tenaces y no se averguenzan de sus ideas. E irán hasta el final. Llegarán a su «Jerusalén», y montarán su Estado de iluminados totalitarios. Y será muy deprimente, pero hay que reconocerles que lo han ganado con su esfuerzo.
La pena es que tendremos que aguantar ese odio reconcentrado, esa tenacidad para el mal, esa estética gris y deprimente, ese siniestro mundo que nos tienen preparado, feo, asfixiante, tedioso. Porque esos tíos son fundamentalmente aburridos, como todos los totalitarios, que no tienen imaginación.
Pues nada, empecemos jubilosos nuestra marcha a la Jerusalen de los vascos. Empecemos con una concentración en la Plaza del Castillo, muy bien intencionada, muy respetable, pero en mi modesta opinión, muy equivocada.
Y gracias a Dios que mi opinión no le importa a nadie. Es la ventaja de ser nadie. Que puedes decir la verdad con Paz. Con verdadera paz.
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