Se ha montado una pequeña trifulca –pequeña, porque en este país de analfabetos funcionales nadie lee, así que la trifulca ha resultado menor- a costa de un libro idiota con un título más idiota todavía sobre el matrimonio.
Soy de derechas, católica, conservadora… y ni he leído ese libro ni lo pienso leer. Porque no creo que esa señora, con una corta familia de cuatro hijos y un trabajo de periodista, pueda aportar algo interesante sobre el tema del matrimonio. Ya sabemos que un periodista suele ser siempre –salvo excepciones-, superficial al tratar temas importantes, y además les gusta montar escándalos para vender. Y no sé por qué va a ser esta señora más especialista que otras mujeres en este tema. No sé cuántos años lleva casada, pero todavía le queda tiempo para divorciarse. En fin, que la autoproclamada experta, no sabemos en qué es tan experta.
Ya comprendo que en Italia gana Berlusconi, y las mama-chichos se imponen, pero hay que mantener la cordura. Me dicen algunos: es que usted condena ese libro sin leerlo. Bueno, yo no lo condeno. Discutir con un tonto es una tontería, decía Karl Popper y yo lo comparto cien por cien. Así que no pierdo el tiempo con memeces como ese libro. Y lo siento por el arzobispado de Córdoba…pero los considero exactamente eso, memos por picar. Y no me he de desdecir.
La doctrina católica sobre el matrimonio está preciosamente expuesta en el Catecismo de la Iglesia. Juan Pablo II nos legó la Mulieres Dignitatem, Familiaris Consortio, y ahora se espera un sínodo sobre la familia y el matrimonio. Opiniones y experiencias personales hay muchas. Pero no son la opinión de la Iglesia. Tengo material de sobra para estudiar y meditar sobre lo que supone y significa el matrimonio cristiano, sin necesidad de acudir a las torpes apreciaciones de una periodista italiana. Torpes, porque indican hasta qué punto una mujer puede perder la brújula, y hasta qué punto la han perdido según qué hombres. La sumisión no es amor, y el matrimonio cristiano es Amor. La sumisión significa miedo, complejos, cobardía, frustración, egoísmo. El Amor significa enriquecimiento mutuo, enaltecimiento mutuo, entrega mutua, abnegación, plenitud, realización personal. Encuentro de dos corazones que piensan y aman con un mismo objetivo, que miran en la misma dirección, y que tienen un ménage à trois con un tipo que se llama Espíritu Santo.
San Pablo, el pobre, era fariseo y de su época. Fue un gran santo. Pero todo el mundo tiene sus “aqueles”. Él hablaba con su lenguaje. Y las traducciones e interpretaciones hablan con el del traductor y el intérprete. Y todo se puede sacar de contexto. Y para autodestruir la familia solo necesitamos seguir siendo unos listillos que nos apuntamos a cualquier bobada.
Y el arzobispado de Granada… a ponerlo todo más difícil, hombre. Pueden no retirar su libro. A estas alturas hacen bien, porque se trata de defender algo importante, aunque parezca baladí: la libertad de decir las idioteces que uno quiera sin pasar por la censura de otro idiota similar. Pero qué quieren, se podían haber ahorrado la memez. Con esto no ayudan a nada y lo complican todo. Seguro que el Papa Francisco está contento con el librito de marras y su estúpido título.
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