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Fagor

Pilar Aizpún Bobadilla 18 Nov 2013 - 17:23 CET
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Hace unos años, el grupo Mondragón era considerado por muchos la «empresa de cabecera» del nacionalismo más radical. Algunos no comprábamos en Eroski. Porque pensábamos que era uno más de los hilos de la telaraña nazionalista, que pagaba dinero a ETA con gusto, y que casi la totalidad de los cooperativistas eran simpatizantes. Ahora no compramos porque nos parece caro y malo.
Ir a Mondragón pueblo era toda una experiencia. Adrenalina pura. Como entrar en la herriko taberna de Elorrio, pero a lo bestia y sin palacios alredededor. Si Philip K. Dick hubiera pasado por ahí un día de noviembre a las siete de la tarde, se hubiera sentido inspirado. Mondragón podía llegar a ser un lugar espeluznante.
Sin embargo, dicen que las cosas no fueron siempre así. Un cura visionario de apellido imposible -Arizmendiarrieta- fundó esta empresa con el fin de dar trabajo a una zona deprimida. Con industrias y todo parece siempre deprimida, pero bueno, así es Euskadi. Ven y vívelo. La historia al completo, que ya se me ha olvidado, la escuché hace muchos años de uno de sus iluminados presidentes. El de entonces era, además de iluminado,de Palencia, euskaldún de toda la vida.
Según parece, el cura de apellido impronunciable aprovechó bien su buena sintonía con el régimen franquista, el proteccionismo que obligaba a todos los españoles a comprar sus productos sí o sí, y montó el proyecto con mano férrea. De cómo esas cooperativas fundadas por quién parecía ser un buen hombre, pasaron a ser la más eficaz herramienta del nazionalismo, no tengo ni idea. El hecho es que -estando la iglesia vasca de por medio-, no me llama mucho la atención.
Las cooperativas crecieron con la muerte de Franco, y se desarrollaron en los últimos años del siglo XX con fuerza, a la sombra de un nacionalismo cada vez más poderoso. Cuando nació Eroski, la competencia que tenía en Euskadi era liviana. El atentado de Hipercor y otras maravillas disuadían a la competencia de hacerles la competencia, y de pronto nos encontramos con un hiper del grupo en cada esquina de Euskadi y de Navarra. La marca se expandía, seguía pujante, con banco y aseguradora propios y todas esas cosas. Y parecía que nada podía con ellos.
Hace tiempo se me ocurrió hacer un curso experto de comercio exterior en el ESTE de San Sebastián. Aparte de que una me dijera eso de «a tí te acabarán pegando un tiro» porque no me callaba con los abertzales -qué simpáticos ¿verdad?-, un día apareció otro iluminado del Grupo Mondragón. A impartirnos no sé qué clase. Y como semos del pueblo euskaldún y llevamos txapela, este tío llegó dando por sentado que todos estaban de acuerdo, y nos lanzó unas palabras en Euskera. Bastantes palabras. Yo pensaba en lo que me había costado el curso, y juraba en castellano. Luego consiguió cabrear a las nekanes -que juraron en castellano como yo-, hablando de lo sumisas que tenían que ser las esposas de los cooperativistas enviados al extranjero. Como San Pablo, oigan. Yo no daba crédito.
El hecho es que se internacionalizaron. No sé cómo de sumisas fueron sus esposas. Desde Guadalajara (Spain) hasta Polonia, según parece, y más lejos.
A principios de este siglo, se hicieron menos amigos de la ETA y del nazionalismo, y más amigos de Patxi López. E incluso intentaron beatificar al del nombre impronunciable. Y el del PNV dijo aquello de «algún día tendrán frío ahí fuera…» Y vaya si se ha cumplido.
Todo empezó porque pensaron que podrían con la compra de Caprabo. Luego dejaron de poner bombas los de la ETA. Y llegó Mercadona. Y otros. La competencia ya no era tan liviana. Y luego llegaron otras crisis y menos subvenciones. Y los iluminados dejaron de ser -por lo que se ve- tan iluminados, y ahora estamos como estamos. Y como no son PRISA, nadie los rescata.
El problema del Grupo Mondragón es que son un símbolo nazional. Y el problema de los símbolos es que con el tiempo van adquiriendo espesor semántico, complejidad, y al final no es tan sencillo. Por ejemplo, ser cooperativista y solidario no es tan fácil cuando todo se va a la mierda. Y ahora, ¿contra quién nos manifestamos? ¿A quién le reclamamos soluciones para Fagor, y para nuestras preferentes?
Mondragón va a volver a su ser. Zona deprimida donde las haya. Triste, sucia, lluviosa y fría. Y a verlas venir, porque Eroski no está nada bien, busca vendedor para Caprabo en mal momento y Euskadi ya no es la zona pujante y maravillosa, favorecida por la burguesía y los dictadores, los impuestos de los españoles y el terrorismo. Ahora, después de ZP, ha llegado la paz.

Pilar Aizpún Bobadilla

Apasionada de Occidente, de la actualidad, de la política y de las ideas. Estoy muy agradecida a los que lucharon por dejarme a mí el mejor de los mundos, así que intento entender hacia dónde vamos y qué mundo les vamos a dejar a los que vienen después

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