Me contaron que cuando la revista Time nombró Person of the year a Juan Pablo II, Joaquín Navarro Valls le llevó un ejemplar muy contento. Juan Pablo II miró la portada muy serio, y le dio la vuelta. Joaquín Navarro Valls un poco decepcionado le preguntó qué le pasaba, y el entonces Papa le respondió: “Esto no es bueno para mí”. No se refería obviamente al éxito comunicativo. Se refería a su interior, a su humildad.
En el mundo hay diez mil cristianos que mueren por su fe cada año. A ellos hay que añadir los cientos de miles que son torturados, marginados o perseguidos de cualquier modo por ser cristianos. El caso más terrible de los últimos días, un niño indio de siete años. Y además, están los cristianos atrapados en guerras, que no son apoyados por ninguno de los bandos en conflicto y que reciben leña por todos los lados. Esos cristianos suelen ser personas pobres, sencillas, que no destacan por su dinero o por su inteligencia. Se apoyan en sus pastores, que no les abandonan en los momentos de oscuridad. Muy al contrario, suelen ir con su rebaño al martirio. Es la Iglesia mártir, pobre, doliente que el Occidente cristiano desprecia y olvida, mientras apoya con entusiasmo a fundamentalistas religiosos de cualquier calaña y un mal entendido y muy hipócrita multiculturalismo. Son los auténticos seguidores de Cristo. Los demás, hacemos lo que podemos.
El Papa Francisco cayó de pie. Levantó una ola de entusiasmo y de cariño que los medios de comunicación no pudieron contrarrestar. Así que -si no puedes con tu enemigo únete a él- al pobre Papa le endosan todo tipo de pensamientos y planes de futuro que gustan a los periodistas de hoy en día.
El Cardenal Kasper es alemán. Miembro relevante de una iglesia local podrida de dinero. La iglesia católica alemana fue muy sospechosa de colaborar con el nazismo. Quizá no fue así, pero salvo pequeños grupos de anti nazis -muchos de ellos compuestos e impulsados por católicos, todo hay que decirlo- el nazismo no encontró gran oposición en Alemania. Ni entre católicos, ni entre protestantes. Sobre todo, encontró poca oposición en la todopoderosa y prestigiosa universidad alemana. Intelectuales alemanes opuestos al régimen, pocos. Pero al terminar la guerra, el catolicismo alemán creció y tuvo momentos de cierto prestigio. El problema de la religión en Alemania es que siempre es una cuestión de Estado. El Estado cuida las diversas iglesias cristianas, las financia y las introduce en su todopoderosa y prestigiosa red de escuelas teológicas universitarias. En Alemania, la universidad, los intelectuales, tienen un gran predicamento. De ahí que su apoyo al nazismo fuera definitorio en la aceptación de esos tipos por parte de la sociedad alemana. Pasa un poco como en USA: el que es aceptado por las universidades, tiene todo el prestigio ganado. Sea quien sea. De ahí el incomprensible éxito de un tipo como Roosevelt.
La iglesia luterana fue en los siglos XIX y XX una gran potencia teológica apoyada por toda la universidad Alemana. Los católicos no llegaban a su altura intelectual. En realidad, el problema de la iglesia alemana es que siempre ha tenido un profundo complejo de inferioridad respecto de la iglesia oficial luterana en este campo. Y este campo en ese país es decisivo. De aquí que los católicos alemanes tengan siempre la tentación de dejarse llevar. Solo en la terrible posguerra los católicos fueron más prestigiosos: la universidad alemana había sido desacreditada por su apoyo al nazismo, y ya no era tan importante al repartir diplomas de persona inteligente. Pero llegó la milagrosa recuperación alemana y la universidad volvió a ocupar su papel. Los católicos volvían a necesitar el diploma de persona inteligente. Si a eso le unimos el crecimiento de los católicos en Alemania y el hecho de que el Estado les financia generosamente… nos encontramos una iglesia podrida de dinero e intentando agradar. Justo lo que Jesucristo aplaudiría.
La Iglesia en Alemania hoy es una iglesia burocrática, avejentada, casi muerta. Para mantener el nivel económico, hay que conseguir clientela en una feligresía alejada, abotargada por el dinero y el bienestar, y en general madurita y vuelta a casar. Hay que ser popular. Y para ser popular…hay que ceder. Como los diez mil mártires anuales del resto del mundo. Como los pobres que se dejan matar antes que renegar de su fe.
Jesucristo murió en la Cruz infamante y murió pobre. No lo mató un reducido grupo de fariseos, no nos engañemos. El pueblo es venal y cambia fácilmente de bando. Hoy sigo al Maestro y mañana lo crucifico. Y para seguir a Cristo, en algún momento hay que perder la popularidad. No nos engañemos. Le pasó a Juan Pablo II…y si Francisco es quién todos pensamos que es, un hombre santo, le pasará a él. A Kasper no. Él está de enhorabuena: le entrevistan los medios de comunicación y ha conseguido una gran notoriedad. Aunque no sea la de Person of the Year. Ya tiene sus quince minutos de gloria. Habrá que pedir a Dios que sus minutos de Gloria no se queden en eso: en quince. Hay que pedirlo para todos, pero para los pastores que dispersan a las ovejas más. No lo digo yo. Lo dijo Jesucristo.
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