Los obispos españoles han renovado los cargos de la conferencia episcopal. Sin grandes sorpresas. El problema de la Iglesia española desde el punto de vista informativo es que es aburrida. No hay mucho que contar. No va del todo mal, está mucho más unida de lo que algunos pretenden explicar, y tira más o menos adelante. Pero es verdad que le falta algo de movimiento. La joya de la corona en Europa está estancada.
El denostado Rouco -con todos sus errores que seguro fueron muchos- hizo de Madrid la archidiócesis más viva de España, y por lo mismo, de Europa digan los italianos lo que digan. Es cierto que Milán tiene vidilla gracias a Comunión y Liberación, y que Roma es Roma. Pero no dan más de sí. Es cierto que Polonia o Croacia tienen muchos católicos y una iglesia local muy viva. Pero son países en reconstrucción que no tienen todavía capacidad de liderar nada. Madrid es el futuro de la Iglesia en Europa. Y lo que pase en Madrid tendrá una gran influencia en Hispanoamérica.
Y sin embargo, parece que los franceses con todas sus contradicciones nos adelantan en movimiento y en evangelización. Es verdad que se enfrentan a una realidad peor que la española. Pero tienen grupos reducidos muy compactos y muy activos. Y por supuesto, USA después de la crisis de la pederastia renace de sus cenizas, como solo lo saben hacer ellos.
¿Por qué la Iglesia española no termina de ser la locomotora que debería ser? Evidentemente, porque los católicos españoles no somos todo lo santos que deberíamos ser, para empezar. Yo la primera. Lo malo de los hospitales de campaña es que necesitan médicos y enfermeras, gente comprometida y dispuesta a darlo todo. Y lo malo de los españoles es que todos se consideran con derecho a cama, casi ninguno con obligación de ser médico o enfermera.
Estamos debatiendo temas más o menos marginales, como la comunión de los divorciados vueltos a casar, pero no somos capaces de hacer unos cursos prematrimoniales y un apoyo de los matrimonios que prevenga el divorcio. Hablamos mucho de la familia pero no ayudamos a las familias ni a las mujeres trabajadoras con sus hijos. Hablamos de acoger a todos, pero todos nos tiramos los trastos a la cabeza y reproducimos punto por punto las disputas ideológicas trasladándolas a la Iglesia. A todos nos deben pero no nos pagan, y nadie estamos dispuestos a hacer lo que requiere un verdadero anuncio del Evangelio.
Sinceramente, creo que no nos tomamos el evangelio en serio. Porque para los progres, presuntamente los pobres son lo primero, pero menos. Que no se les caen de la boca pero no se ve que hagan mucho por ellos. Cáritas es algo grande, pero para mí que lo llevan más jubilados que jóvenes o maduritos. Y para los conservadores, la tradición, la liturgia y el catecismo son lo primero, pero menos. Que no se les cae de la boca pero luego no son capaces de tener una vida de fe y ascética como los santos de antaño, ni de explicar el catecismo como hizo en su momento el padre Astete. Y los de centro, muy moderados, tan moderados, que son católicos de barniz, pero no se mojan de verdad por nadie y menos por Dios. Aquí, todo el mundo a su rollo. Insisto, mea culpa, yo la primera.
Creo que en la Iglesia no sobra nadie, salvo que sobramos todos si no vamos a ser buenos católicos -cada uno a su modo- factores de unidad y santos. Y creo que para eso Cristo tiene que ser lo primero en nuestra vida, y cada uno se tiene que buscar con libertad y responsabilidad la vida para que eso sea así. Lo demás, las críticas, las quejas, las rebeldías, los victimismos y otras historias sobre lo malos que son los demás… sobran.
El hospital de campaña necesita personal sanitario. Y no tiene suficientes camas para todos. Así que ya que se va el malvado Rouco que impedía que todos fuéramos cristianos excelentes, a ver si espabilamos ¿no?
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