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Un tal Goyen, una tal Barcina

Pilar Aizpún Bobadilla 20 Mar 2014 - 19:07 CET
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Leo la entrevista que le hacen al actual secretario general de UGT en Navarra, que va a dejar de serlo en breve. Un tío sensato. Discrepo con él en algunas cosas, pero parece un hombre normal. Si yo fuera presidenta del Gobierno de Navarra, me sentiría capaz de negociar con él lo que fuera menester. Pienso en Roberto Jiménez y en Lizarbe, y me pregunto cómo es posible que el PSN, que cuenta seguro en sus filas con gente tan sensata como Goyen, y a lo mejor más valiosos y más preparados, tenga a esos dos impresentables de figuras. No lo entiendo.
El artículo de Palacios que hoy publica el Diario de Navarra sobre la relación de los figuras con Barcina me parece más que acertado.
Todo el mundo, incluso una gran mayoría de los socialistas, se da cuenta de que la situación es insostenible y de que Roberto Jiménez se tiene que ir. Sin embargo, no hay forma de echarlo porque hay una parte del PSN –que son ellos- que tiene tomado el partido. Y desde que ellos están ahí, el partido pierde votos elección tras elección. Pero nadie parece darse cuenta del problema. Nadie parece darse cuenta de que el problema son ellos. De hecho, si fueran socialdemócratas normales, moderados y navarristas claros, crecerían en votos. Porque para nacionalistas socialdemácratas ya está Geroa Bai. Hoy en Navarra no hay un nacionalismo de derechas, solo de izquierdas. Por lo tanto, el espectro de un PSN con veleidades nacionalistas ya está cubierto. El que está desatendido es el navarrista. Pero como los que están ahí son lelos, perdón, ellos…
Esto no solo pasa en el PSN, lo que podríamos llamar el enrocamiento de los mediocres. Pasa en general con los partidos tradicionales. La gente valiosa no está muy dispuesta a meterse en el avispero de los mediocres y a luchar contra ellos para conseguir un puesto. Y como viven de su trabajo, no necesitan desesperadamente meterse en política. Algunos aceptan alguna vez un cargo en algún gobierno autonómico o en el nacional, pero una vez ganadas las elecciones y en la etapa de formación de gobierno. Y son pocos.
En la derecha navarra no se perfila hoy un sucesor aceptable para Yolanda Barcina. Ahora sería un buen momento-ya que ella está reforzada por lo sucedido- para ir trabajando en un equipo de gente del que pudiera salir un futuro-a candidato-a. Y sin embargo, no parece factible. Se puede buscar a un mediocre: esos se pegan por llegar al puesto. Pero no uno valioso y novedoso. No porque en Navarra no haya gente preparada para ocupar ese cargo, sino porque la gente valiosa que no son políticos de profesión no quieren meterse en el avispero. Y se entiende. ¿Quién estaría dispuesto a sacrificar una vida profesional para meterse en el lío de la política actual? ¿Quién le agradecería después el esfuerzo?
Nos hacemos cruces con la corrupción, pero al meter en el mismo saco a buenos y malos, hemos vapuleado de tal modo a la clase política que nadie quiere meterse ahí. Y además, los españoles somos malos pagadores. Nos encantar crucificar a los buenos con los malos y somos una sociedad mediocre, como nuestros partidos, que niega el reconocimiento debido a quienes lo hacen bien. Y no nos gusta la excelencia ni en los planes de estudio. Y no damos ninguna pena, porque tenemos lo que nos merecemos.
No solo nuestros políticos tienen que cambiar. Toda la sociedad tiene que hacerlo, si quiere salir adelante. Con un poco de generosidad y de magnanimidad.
Hay sociedades que saben dar un volantazo y cambiar el rumbo en poco tiempo. Los españoles somos muy así. Damos asco, pero si nos lo proponemos, en muy poquito tiempo podríamos hacer un país del que sentirnos orgullosos y ser la envidia de toda Europa.Y si España no quiere hacerlo, podíamos al menos intentarlo en Navarra.
El problema es … ¿hay alguien ahí fuera?…

Pilar Aizpún Bobadilla

Apasionada de Occidente, de la actualidad, de la política y de las ideas. Estoy muy agradecida a los que lucharon por dejarme a mí el mejor de los mundos, así que intento entender hacia dónde vamos y qué mundo les vamos a dejar a los que vienen después

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