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Otra visión de España

Pilar Aizpún Bobadilla 02 Oct 2014 - 17:36 CET
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Sábado 27 de septiembre. Unos conocidos míos franceses llegan a España para la beatificación de Álvaro del Portillo. El lunes 29, otra amiga común me llama por teléfono para contarme su versión de los hechos. La suya, no la mía. Supongo que habrá otras, pero a mí me ha llegado esta.
El matrimonio viaja en avión desde Lyon. Sufren retrasos y complicaciones varias hasta que consiguen despegar. Hay huelga -creo que de pilotos- en Air France, pero en Barajas se ha establecido un dispositivo que les permite acceder con rapidez a un autobús para llegar a tiempo a Valdebebas. Se quedan asombrados del buen funcionamiento del aeropuerto Adolfo Suárez y de la amabilidad de la gente. ¡Qué diferencia con su país!
Desde el autobús se fijan en los carteles luminosos: EVENTO RELIGIOSO SALIDA… Les hace gracia. El autobús aparca y se unen a una riada humana alegre y cívica que busca su lugar para el evento. Todo perfectamente organizado: entradas, el agua, los aseos, las grandes pantallas, el sonido… se asombran al ver la marea humana, el buen ambiente. La beatificación resulta ser un acto emotivo, precioso, en el que se demuestra la vitalidad y la fuerza de la Iglesia universal, pero donde sobre todo queda muy bien la Iglesia española. Confesionarios a pleno rendimiento, el silencio y el recogimiento, la música, la comunión perfectamente organizada, obispos, cardenales, la carta del Papa Francisco… Se ven africanos, asiáticos, europeos, americanos, familias, jóvenes, mayores, laicos, sacerdotes, religiosas. Se quedan alucinados y “ravis”.
Por la tarde, Museo del Prado. Visita a la exposición “El Greco y la pintura moderna”. Asombro ante el Greco, un pintor griego que se estableció en Toledo para desarrollar una de las obras cumbres de la pintura europea. Descubrir que sin él es difícil entender a otro gran pintor malagueño llamado Picasso, que los franceses consideran suyo.
Para este matrimonio que hacía mucho tiempo que no venían por aquí, España es hoy la beatificación de Don Álvaro del Portillo y la exposición del Greco. Según ellos, un país moderno, organizado, enraizado en sus valores y en su tradición, profundamente dinámico, que sabe acoger lo universal y que tiene mucho que decir al mundo. Asombrados y agradecidos.
Cuando me va contando estas cosas por teléfono, recuerdo al profesor Philippe Nemo – también francés- cuando le invitamos a la inauguración de la exposición Occidens, en la Catedral del Pamplona. También se fue “ravi”, también se llevó una gran impresión de Pamplona, también piensa que España es un país dinámico, que ha sabido modernizarse sin perder sus tradiciones y sus valores, que tiene mucho que aportar y que cuenta en el mundo. Para los que acusan a la Iglesia de ser un lastre y una vergüenza para España. Se ve que otros no piensan así. Esto de la “modernidad” es una cuestión compleja.
Y pienso que yo quiero ser francesa. Para poder venir a España y volverme a mi país alucinada, envidiosa viva del país vecino… y con ganas de ser española.

Pilar Aizpún Bobadilla

Apasionada de Occidente, de la actualidad, de la política y de las ideas. Estoy muy agradecida a los que lucharon por dejarme a mí el mejor de los mundos, así que intento entender hacia dónde vamos y qué mundo les vamos a dejar a los que vienen después

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