Un visitante –Carlos- comentó hace algunos días uno de mis posts sobre política chilena manifestando su extrañeza por que éste no hubiera recibido comentarios, ni siquiera los infaltables “exaltados”, y especuló que quizá no fue leído por otros pese a que, según escribió, la “objetividad” y “credibilidad” de su autor le parecían destacables.
Para no extenderme en la no recomendable autorreferencia, enunciaré sucintamente algunas consideraciones que podrían ayudar a dilucidar este supuesto “misterio”:
1. Los artículos de este blog tienen un estilo formal, estructural, lejano y/o ajeno a la identificación empática que busca y seduce al cibernauta promedio.
2. Su contenido –crítica política y autocrítica periodística- no suele llamar la atención si no proviene de un personaje famoso, conocido públicamente o extravagante.
3. Los hechos que selecciona, describe y enjuicia no son de la conveniencia o gusto del cibernauta-consumidor, ni chileno ni universal, pues no están enfocados hacia esa conveniencia o gusto.
4. Periodista Latino no tiene, pese a su esfuerzo, el arrastre de Periodista Digital.
5. Los chilenos en general –incluyendo los residentes en el exterior- rechazan la política contingente de su país y/o temen a su “clase” dirigente (política y mediática), más aún ante la propuesta de un cambio de la institucionalidad vigente, por muy restrictiva que ésta sea, y una asamblea constituyente, por muy democrática que ésta sea.
Como fuere, la principal motivación de este blog permanece inmune: si los temas y acontecimientos que difunde son vetados por casi todos los medios –en especial la campaña ciudadana por una asamblea constituyente-, alguna importancia han de tener. Eso, contrariamente a la impresión de Carlos, no debiera extrañar…
Julio Frank Salgado
Home