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La reapertura del sepulcro de Santa Teresa de Jesús en la basílica de Alba de Tormes ha devuelto a la actualidad a una de las figuras más influyentes y carismáticas del misticismo español. Tras 111 años cerrado, el cuerpo momificado de la santa se expone al público en un evento histórico que ha congregado a fieles, estudiosos y visitantes intrigados tanto por su legado espiritual como por el insólito estado de conservación de sus restos.
El acontecimiento, que no se producía desde 1914 —y antes solo en 1760—, convierte a Alba de Tormes (Salamanca) en epicentro religioso y cultural durante varias semanas. La Orden del Carmelo Descalzo organiza esta veneración solemne que permite observar, en un ataúd de plata revestido de mármol, el rostro y el cuerpo sorprendentemente reconocibles de la fundadora.
Un cuerpo incorrupto: entre la fe y la ciencia
El estado del cadáver ha sido motivo de fascinación desde el siglo XVI. Santa Teresa falleció en 1582, a los 67 años, a causa de un cáncer uterino. Cuando su cuerpo fue exhumado meses después, asombró a los presentes por su buen estado. Desde entonces, se han realizado varias exhumaciones y traslados —el último hace más de un siglo— que han alimentado leyendas sobre su «incorrupción», un fenómeno vinculado tradicionalmente a santidad.
Actualmente, el cuerpo descansa en una urna especial diseñada para su conservación y exposición. Las primeras imágenes difundidas muestran un rostro sereno y reconocible, lo que refuerza el halo sobrenatural que rodea a la santa.
Curiosidades sobre los restos
- Partes del cuerpo han sido objeto de culto: se conservan como reliquias en diferentes lugares (el corazón y el brazo están repartidos entre varios conventos).
- El rostro es visible gracias a una máscara funeraria transparente.
- El ataúd actual fue realizado en el siglo XX tras las últimas exhumaciones importantes.
Santa Teresa: reformadora, escritora y pionera
Más allá del morbo o la fascinación por la momificación, la reapertura del sepulcro sirve para recordar la trascendencia histórica y espiritual de Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, conocida universalmente como Santa Teresa de Jesús o de Ávila.
Fue una monja carmelita revolucionaria: fundó la rama reformada conocida como las Carmelitas Descalzas, promoviendo una vida austera centrada en la oración y el retiro del mundo exterior. A lo largo del siglo XVI fundó 17 conventos por toda España, enfrentándose tanto al escepticismo eclesiástico como a resistencias internas.
Entre las fechas clave:
- Canonización: Fue declarada santa en 1622 por el papa Gregorio XV junto a otras figuras como San Ignacio de Loyola o San Isidro Labrador.
- Doctora de la Iglesia: En 1970 fue reconocida como la primera mujer con este título gracias al valor teológico y literario de sus obras.
Sus libros —El libro de la vida, Camino de perfección, Las Moradas— marcan un antes y un después en la literatura mística universal. Su prosa directa y humana sigue estudiándose hoy y ha inspirado a generaciones dentro y fuera del ámbito religioso.
Anécdotas sorprendentes y datos poco conocidos
La vida —y muerte— de Santa Teresa está llena de episodios insólitos:
- De niña intentó huir con su hermano para buscar el martirio «y ver a Dios lo antes posible». Su tío les encontró antes de salir siquiera de Ávila.
- Sufrió éxtasis místicos tan intensos que los médicos dudaron entre lo sobrenatural y lo patológico.
- Fue investigada por la Inquisición debido al fervor con que reformó el Carmelo.
- Su corazón presenta «fenómenos extraños», con heridas atribuidas por algunos fieles a experiencias místicas.
- La fecha exacta de su muerte coincide con el cambio del calendario juliano al gregoriano: murió la noche del 4 al 15 de octubre según los distintos cómputos.
- Fue consejera espiritual incluso para nobles y obispos; muchos acudían a sus conventos para pedirle consejo vital o político.
Un legado vivo
La reapertura del sepulcro no solo reactiva devociones antiguas sino también debates sobre el sentido actual del culto a las reliquias. Peregrinos llegan desde toda España para contemplar los restos e inspirarse en su mensaje: una espiritualidad práctica, combativa e íntima.
Por todo ello, Santa Teresa es mucho más que un símbolo religioso: es referente intelectual, literario y social. Su figura —tan visible estos días en Salamanca— invita a redescubrir ese raro cruce entre historia viva, mito popular e introspección espiritual profunda.
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