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LA PERSPECTIVA CÓSMICA DE UN GENIO

La humildad de Stephen Hawking: «Sólo somos una raza avanzada de monos en un planeta menor»

Un mensaje que cobra urgencia en una sociedad obsesionada consigo misma, que desafía nuestro narcisismo colectivo

Manuel Trujillo 15 Feb 2026 - 07:58 CET
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Cuando Stephen Hawking declaró que somos «solo una raza avanzada de monos en un planeta menor de una estrella muy normal», no pretendía ofender a la humanidad.

Su intención era mucho más profunda: obligarnos a mirarnos en el espejo del cosmos y aceptar nuestra verdadera escala.

En un tiempo donde el individualismo nos atrapa en burbujas de certeza, haciendo que cada persona se considere el centro de su propio universo, esta afirmación actúa como un correctivo esencial, invitándonos a salir del narcisismo colectivo que nos envuelve.

El renombrado físico británico, nacido en Oxford en 1942, transformó la cosmología con sus investigaciones sobre agujeros negros y radiación.

Sin embargo, su legado va más allá de las fórmulas matemáticas.

Diagnosticado a los 21 años con esclerosis lateral amiotrófica, convivió durante décadas con una enfermedad neurodegenerativa que limitó su movilidad, pero nunca su mente brillante. Esa experiencia personal agudizó su percepción sobre la fragilidad de la vida humana, un concepto que trasladó al ámbito social en sus reflexiones públicas. La frase que lo define no es casualidad: proviene de alguien que entendió profundamente la vulnerabilidad.

La anatomía de una verdad incómoda

La afirmación de Hawking opera en dos niveles interrelacionados. En primer lugar, al describirnos como «una raza avanzada de monos», hacía referencia directa a la teoría evolutiva: el ser humano es resultado de un proceso biológico y no una entidad separada del resto de la naturaleza.

Aunque nuestra inteligencia nos distingue, no nos convierte en algo ajeno a las demás especies. Somos parientes lejanos de los chimpancés, separados por apenas seis millones de años de evolución. Lo que para nosotros parece un lapso interminable es solo un parpadeo en la vasta historia de la vida.

La segunda parte de su frase refuerza esta idea desde una perspectiva astronómica.

La Tierra no ocupa un lugar privilegiado en el vasto universo. Orbita alrededor de una estrella común, situada en una galaxia entre miles de millones. Nuestro Sol es tan ordinario que los astrónomos lo catalogan como una estrella tipo G, la más habitual en el cosmos. Desde el punto de vista cósmico, nuestra posición es modesta y carecemos de centralidad.

Con esto, Hawking enfatizaba que comprender nuestra pequeñez era esencial para actuar con responsabilidad. La ciencia, al desvelar nuestra verdadera ubicación, debería impulsar actitudes más prudentes y menos arrogantes.

El antídoto contra el ensimismamiento

En nuestra sociedad actual, muchas personas tienden a creerse el centro del universo en mayor o menor medida.

La rutina diaria nos lleva a concentrarnos en nuestros propios asuntos, olvidando lo demás, especialmente lo más distante. Si descuidamos lo cercano, esta tendencia se amplifica cuando se trata de todo lo que está más allá del planeta Tierra.

Las redes sociales exacerban este fenómeno: cada individuo se convierte en una marca personal y cada opinión se manifiesta como un grito vacío buscando validación. Hawking ofrece un antídoto ante esta situación: su frase nos sitúa donde realmente estamos: en un pequeño planeta azul flotando en la inmensidad cósmica, compartiendo recursos limitados con ocho mil millones de personas.

Esta perspectiva tiene repercusiones prácticas inmediatas. Si la Tierra es nuestro único hogar conocido y ocupa un lugar insignificante en el universo, su conservación debe ser una prioridad absoluta. El deterioro medioambiental o el cambio climático no son problemas abstractos; son amenazas directas a nuestra supervivencia como especie.

Además, esta afirmación apela a la necesidad de cooperación internacional. Si compartimos este pequeño planeta dentro de un vasto universo, las divisiones políticas pierden relevancia frente a los desafíos globales que enfrentamos juntos. Pandemias, crisis energéticas o riesgos tecnológicos requieren respuestas coordinadas y no soluciones aisladas.

Curiosidades que amplían la perspectiva

Hawking también vinculó esta visión con la exploración espacial. Precisamente porque somos vulnerables en un entorno limitado, defendía la necesidad de expandir horizontes e investigar la posibilidad de establecer presencia humana más allá del planeta Tierra. No como una forma de escapar, sino como una estrategia sostenible a largo plazo.

Una anécdota reveladora: cuando le preguntaban si creía en vida extraterrestre, Hawking respondía que era estadísticamente probable pero esperaba que no nos encontraran. «Si los extraterrestres nos visitan, el resultado sería similar al encuentro entre Colón y América; eso no salió bien para los indígenas», bromeaba con su característico humor oscuro.

Otra curiosidad fascinante: Hawking fue uno de los primeros científicos en advertir sobre los peligros asociados a la inteligencia artificial.

No porque desconfíe del avance tecnológico, sino porque entendía que tener inteligencia sin ética puede ser arriesgado. «No está claro si la inteligencia será beneficiosa para nuestra supervivencia a largo plazo», manifestó durante sus últimos años. Esta reflexión complementa su anterior afirmación: podemos ser monos avanzados; sin embargo, eso no asegura nuestra supervivencia ante nuestras propias creaciones.

La invitación final de Hawking es hacia una humildad necesaria como punto de partida para reflexionar sobre nuestra existencia frágil desde una perspectiva cósmica.

Nos insta a reconocer que no somos el centro del universo y que nuestra existencia es efímera dentro del vasto cosmos. Pero también exige madurez colectiva; si somos la única especie conocida capaz de entender el universo, debemos asumir la responsabilidad por cuidar el planeta donde vivimos y gestionar con sensatez el poder acumulado hasta ahora.

Nuestra grandeza reside no tanto en ocupar un lugar central sino en ser conscientes de nuestra pequeñez y actuar acorde con ello.

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