En un mundo donde la inteligencia artificial redacta textos, los streamers llenan estadios y las entrevistas de trabajo se hacen por videollamada, la brecha generacional entre docentes y estudiantes nunca ha sido tan evidente. Por eso, Euroinnova International Online Education lanza una campaña con un mensaje claro y directo en conmemoración del Día de la Madre: “No somos tu madre, pero también queremos lo mejor para ti”, un eslogan simpático que pone sobre la mesa un debate educativo muy serio: ¿están las universidades y los docentes preparados para los centennials?
Un reciente estudio de la Universidad de Granada ha revelado que el 87% del profesorado de Medicina carece de formación innovadora, especialmente en herramientas clave como el debriefing, la simulación clínica o el aprendizaje basado en problemas (PBL), recursos esenciales para formar a profesionales sanitarios en el siglo XXI.
Esta desconexión entre enseñanza tradicional y nuevas metodologías se agrava cuando el perfil del estudiantado ha cambiado radicalmente. Los centennials, también conocidos como Generación Z, no solo han nacido con un móvil bajo el brazo, sino que han crecido en un entorno digitalizado, global, acelerado y visual. Son prácticos, autodidactas, multitarea y valoran más el salario emocional (flexibilidad, conciliación, buen ambiente laboral, valores) que el sueldo económico.
A eso se suma su capacidad para buscar información en red, trabajar en equipo desde cualquier lugar del mundo y moverse con soltura entre plataformas, vídeos explicativos y entornos inmersivos. ¿Y qué ocurre si llegan a aulas donde se siguen dictando apuntes en voz alta o se penaliza el uso de tecnología? La respuesta no sorprende: desconexión, desmotivación y abandono.
“El sistema debe entender quién tiene delante y adaptarse”, señalan desde Euroinnova. No se trata solo de tener claro el perfil del estudiante, sino de comprender sus expectativas, su forma de aprender y de ver la vida. Una correcta gestión de esa brecha generacional puede marcar la diferencia entre una formación transformadora, o una simple acumulación de créditos.
Además, todos los estudios coinciden en un aspecto clave: tener un título de educación superior reduce considerablemente el riesgo de pobreza. Por eso, desde Euroinnova insisten en ofrecer formaciones accesibles, flexibles y actualizadas, alineadas con las demandas del mercado y con los intereses reales de los nuevos aprendices. Cursos especializados, microcredenciales, másteres online, formación técnica y aprendizaje continuo que les permita reorientarse tantas veces como su futuro lo necesite.
“La formación ya no es un destino, es un viaje. Y si podemos acompañarte, sin ser tu madre, pero queriendo lo mejor para ti, mejor aún”, concluye la campaña, con un mensaje que conecta con quienes buscan aprender por vocación, por empleo o simplemente por crecer.
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