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El Sahara, el desierto más grande del mundo después de la Antártida, no siempre fue el vasto océano de arena que conocemos hoy.
Hace tan solo 6.000 años, este inmenso territorio era un vergel rebosante de vida, con árboles, vegetación de sabana y numerosos lagos.
Un paisaje que poco tiene que ver con las dunas y la aridez que ahora dominan sus más de 9 millones de kilómetros cuadrados.
Y crece… de hecho no para de aumentar desde hace bastantes d´cecadas.
El desierto del Sáhara se ha expandido en un 10 por ciento desde 1920, según un estudio realizado por científicos de la Universidad de Maryland, en Estados Unidos.
La investigación, publicada en la edición digital de este jueves de ‘Journal of Climate’, es la primera en evaluar los cambios a escala del siglo en los límites del desierto más grande del mundo y sugiere que otros desiertos podrían estar expandiéndose también.
De verde a amarillo: La lenta transformación del Sahara
Contrariamente a lo que se pensaba, la desertificación del Sahara no fue un proceso repentino.
Es algo que sucede más o menos a un ritmo de cada 20.000 años, de acuerdo a cambios en la órbita de la Tierra.
El período del Sahara verde no sólo ocurrió entre hace 5.000 a 10.000 años.
También ocurrió hace unos 125.000 años y, en ese entonces, no hubo interferencia humana pero sí ocurrió la transición de húmedo a árido.
Y, si el fenómeno es cíclico, se podría suponer que el Sahara regrese a ser verde otra vez, aunque la actividad humana del mundo moderno sí tendría que tomarse en cuenta.
Un estudio publicado en la revista Science ha puesto en tela de juicio la teoría que sostenía que este cambio se produjo de forma brusca hace 5.500 años.
Según los nuevos hallazgos, la transformación fue mucho más gradual, culminando hace apenas 2.700 años.
El geólogo Stefan Kröpelin, principal autor del estudio, explica:
«Nuestros resultados contradicen la idea de un fin abrupto del periodo húmedo africano. Los monzones que periódicamente regaban la región no desaparecieron de la noche a la mañana».
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores se sumergieron, literalmente, en el pasado.
Analizaron las capas de sedimentos depositadas en el fondo del lago Yoa, en el noreste de Chad, uno de los pocos lagos que aún sobreviven en el Sahara. Estos sedimentos son como un libro de historia natural, cada capa cuenta una parte de la evolución del paisaje en los últimos 6.000 años.
El Sahara en tiempos de romanos y árabes
Durante el apogeo del Imperio Romano, el Sahara ya era un desierto, pero aún conservaba algunas zonas verdes y oasis que permitían el comercio y la agricultura.
Los romanos llamaban a esta región «Libya» y la consideraban el granero del imperio, junto con Egipto.
Siglos más tarde, durante las invasiones almorávides y almohades a la península ibérica, el Sahara jugó un papel crucial como ruta de paso.
Los almorávides, surgidos en el actual Marruecos en el siglo XI, utilizaron las rutas caravaneras transaharianas para expandir su imperio.
David Wright, arqueólogo de la Universidad Nacional de Seúl, propone una teoría controvertida sobre la desertificación del Sahara.
Según Wright, además de los cambios en la órbita terrestre, la ganadería de los pueblos primitivos pudo ser una causa directa de la transformación del paisaje.
«Hace 8.000 años, en las regiones que rodean al río Nilo, distintas comunidades de pastores empezaron a crecer, extendiéndose hacia el oeste, al mismo tiempo que aumentaba la vegetación de arbustos y, con ella, el desierto».
El dromedario: El barco del desierto
Hablando de transformaciones, no podemos olvidar mencionar al rey indiscutible del Sahara: el dromedario.
Este animal, conocido como el «barco del desierto», no es originario de África.
Fue introducido en el norte del continente alrededor del siglo I a.C., probablemente desde la península arábiga.
La llegada del dromedario revolucionó el comercio transahariano.
Estos animales pueden recorrer grandes distancias sin agua y soportar las duras condiciones del desierto, lo que los convirtió en el medio de transporte ideal para las caravanas que cruzaban el Sahara.
En las últimas décadas, el papel del dromedario ha evolucionado.
Aunque sigue siendo fundamental para muchas comunidades nómadas, también se ha convertido en una atracción turística en muchos oasis y se utiliza en competiciones deportivas en países como Emiratos Árabes Unidos.
El Sahara hoy: Entre la sequía y las lluvias inusuales
En la actualidad, el Sahara sigue sorprendiéndonos.
En septiembre de 2024, un fenómeno meteorológico inusual transformó temporalmente el paisaje árido del desierto.
Un ciclón extratropical provocó intensas precipitaciones que, en solo unos días, dejaron el equivalente a un año de lluvia en Marruecos, Argelia, Túnez y Libia.
Como resultado, varios lagos efímeros emergieron en el desierto. Uno de los más destacados fue el lago Sebkha el Melah, en Argelia. Las imágenes satelitales mostraron un contraste sorprendente entre el lecho seco del lago el 12 de agosto y su llenado el 29 de septiembre.
Moshe Armon, investigador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, analizó las imágenes y datos satelitales: «El lago cubría 191 kilómetros cuadrados con una profundidad de 2,2 metros, estando aproximadamente lleno en un 33%».
Estos eventos, aunque espectaculares, son efímeros.
El agua se evapora rápidamente bajo el implacable sol del Sahara, dejando tras de sí un recuerdo de lo que alguna vez fue un paisaje verde y lleno de vida.
El futuro del Sahara: Incertidumbre climática
El cambio climático global añade una capa adicional de incertidumbre al futuro del Sahara.
Algunos modelos climáticos sugieren que el calentamiento global podría llevar a un aumento de las precipitaciones en partes del desierto, potencialmente reverdeciendo algunas áreas.
Sin embargo, otros modelos predicen una mayor aridez.Armon advierte:
«Las incertidumbres de estas proyecciones son mayores que los cambios previstos. Lo que va a ocurrir en el Sahara sigue estando muy poco claro, pero esperamos que, con el tiempo, podamos comprender mejor el futuro del desierto estudiando estos fenómenos de llenado de lagos».
Curiosidades sobre el Sahara
- El nombre «Sahara» proviene del árabe «ṣaḥrāʾ» que significa «desierto».
- A pesar de su aridez, el Sahara alberga más de 2.800 especies de plantas.
- Las temperaturas en el Sahara pueden superar los 50°C durante el día y caer por debajo de 0°C por la noche.
- El punto más alto del Sahara es el volcán Emi Koussi en Chad, con 3.415 metros de altura.
- Se estima que el Sahara se expande unos 30 kilómetros hacia el sur cada año.
Los grandes desiertos del mundo
- Antártida (14 millones km²)
- Sahara (9,2 millones km²)
- Desierto Árabe (2,3 millones km²)
- Desierto de Gobi (1,3 millones km²)
- Kalahari (900.000 km²)
- Gran Desierto de Arena (Australia, 400.000 km²)
- Desierto de Atacama (Chile, 105.000 km²)
CRECIMIENTO GRADUAL
Los desiertos generalmente se definen por una precipitación anual promedio baja, generalmente 100 milímetros (menos de 4 pulgadas) de lluvia por año o menos.
Los científicos analizaron los datos de lluvia registrados en toda Africa de 1920 a 2013 y descubrieron que el Sáhara, que ocupa gran parte del norte del continente, se expandió en un 10 por ciento durante este periodo cuando se observaron las tendencias anuales.
Cuando los autores evaluaron las tendencias estacionales durante el mismo periodo de tiempo, la expansión más notable del Sáhara se produjo en verano, lo que resultó en un aumento de casi 16 por ciento en el área estacional promedio del desierto en el lapso de 93 años cubierto por el estudio.
«Nuestros resultados son específicos del Sáhara, pero es probable que tengan implicaciones para los otros desiertos del mundo», señala el autor principal de este trabajo, Sumant Nigam, profesor de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas en la Universidad de Maryand (UMD), Estados Unidos.
Nigam también tiene una cita conjunta en el Centro Interdisciplinario de Ciencias del Sistema Terrestre de la UMD (ESSIC).
NOTABLES DIFERENCIAS EN EL NORTE Y SUR
Los resultados del estudio sugieren que el cambio climático causado en parte por los humanos, así como los ciclos climáticos naturales como la Oscilación Multidecadal Atlántica (AMO, por sus siglas en inglés), causaron la expansión del desierto.
El patrón geográfico de expansión varió de temporada en temporada, con las diferencias más notables ocurriendo a lo largo de los límites norte y sur del Sáhara.
«Los desiertos generalmente se forman en los subtrópicos debido a la circulación de Hadley, a través de la cual el aire se eleva en el ecuador y desciende en los subtrópicos –señala Nigam–. Es probable que el cambio climático ensanche la circulación de Hadley, causando el avance hacia el norte de los desiertos subtropicales. Sin embargo, el avance lento del Sáhara sugiere que también están en funcionamiento mecanismos adicionales, incluidos los ciclos climáticos como el AMO».
El Sáhara es el desierto de clima cálido más grande del mundo, aproximadamente del mismo tamaño que los Estados Unidos contiguos.
La cuenca del Artico y el continente antártico, que son aproximadamente dos veces más grandes que el Sáhara, también se califican como desiertos debido a sus bajas tasas de precipitación.
Como todos los desiertos, los límites del Sáhara fluctúan con las estaciones, expandiéndose en el invierno seco y contrayéndose durante el verano más húmedo.
El límite sur del Sáhara colinda con el Sahel, la zona de transición semiárida que se extiende entre el Sáhara y las fértiles sabanas más al sur.
El Sáhara se expande a medida que el Sahel retrocede, interrumpiendo los frágiles ecosistemas de pastizales y las sociedades humanas de la región.
El Lago Chad, que se encuentra en el centro de esta zona de transición conflictiva por el clima, sirve como un indicador de las condiciones cambiantes en el Sahel.
«La cuenca del Chad cae en la región donde el Sáhara se ha deslizado hacia el sur. Y el lago se está secando -explica Nigam–. Es una huella muy visible de la reducción de las precipitaciones no solo a nivel local, sino en toda la región. Es un integrador de la disminución de las llegadas de agua en la extensa cuenca del Chad».
Varios ciclos climáticos bien conocidos pueden afectar a las precipitaciones en el Sáhara y el Sahel.
El AMO, en el que las temperaturas en una gran franja del Océano Atlántico norte fluctúan entre las fases cálida y fría en un ciclo de 50 a 70 años, es un ejemplo.
Las fases cálidas del AMO están relacionadas con el aumento de las precipitaciones en el Sahel, mientras que sucede lo opuesto para la fase fría.
Por ejemplo, el notable secado del Sahel desde la década de 1950 hasta la década de 1980 se ha atribuido a una de esas fases frías. La Oscilación Decenal del Pacífico (PDO, por sus siglas en inglés), marcada por las fluctuaciones de temperatura en el Océano Pacífico norte en una escala de 40 a 60 años, también juega un papel.
Para identificar los efectos del cambio climático causado por los seres humanos, los investigadores utilizaron métodos estadísticos para eliminar los efectos del AMO y PDO sobre la variabilidad de la lluvia durante el periodo de 1920 a 2013.
Los científicos concluyeron que estos ciclos climáticos naturales representaron aproximadamente dos tercios de la expansión total observada del Sáhara. El tercio restante se puede atribuir al cambio climático, pero los autores señalan que se necesitan registros climáticos más largos que se extiendan a lo largo de varios ciclos climáticos para llegar a conclusiones más definitivas.
«Muchos estudios previos han documentado las tendencias en las precipitaciones en el Sáhara y el Sahel. Pero nuestro documento es único en que utilizamos estas tendencias para inferir los cambios en la extensión del desierto en la escala de tiempo del siglo», dice la autora principal del trabajo de investigación, Natalie Thomas, estudiante de posgrado en Ciencias Atmosféricas y Oceánicas en la UMD.
Los resultados del estudio tienen implicaciones para el futuro del Sáhara, así como otros desiertos subtropicales en todo el mundo.
A medida que la población mundial continúa creciendo, una reducción en la tierra cultivable con lluvias adecuadas para apoyar los cultivos podría tener consecuencias devastadoras.
«Las tendencias en Africa de veranos calurosos con temporadas cada vez más cálidas y las estaciones lluviosas cada vez más secas están relacionadas con factores que incluyen el aumento de gases de efecto invernadero y aerosoles en la atmósfera», explica Ming Cai, director de programa en la División de Ciencias Atmosféricas y Geospaciales de la Fundación Nacional de Ciencias, que financió la investigación.
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