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Calentamiento Climático

¿Qué pasará si se derrite el hielo de la Antártida? ¿Subiría el nivel del mar 60 metros?

Efectos en cadena: más allá del nivel del mar

Fernando Veloz 22 Abr 2025 - 00:22 CET
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Cuando pensamos en la Antártida, lo primero que nos viene a la cabeza es un paisaje blanco infinito, pingüinos deslizándose por el hielo y científicos con gorros de lana midiendo temperaturas imposibles.

Pero bajo esa aparente inmovilidad se esconde una realidad inquietante: el continente austral guarda casi el 90% del agua dulce congelada del planeta, lo que equivale a un volumen capaz de cambiar la geografía global si llegara a fundirse por completo.

Los expertos advierten que, si todo el hielo antártico se derritiera —algo que, para tranquilidad de quienes tengan planeado un viaje costero, no sucederá de la noche a la mañana—, el nivel del mar subiría unos 58 metros.

Esto transformaría radicalmente los litorales: ciudades como Ámsterdam, Nueva York o Shanghái quedarían sumergidas bajo las aguas y millones de personas se verían obligadas a desplazarse tierra adentro, como si participaran en una gigantesca mudanza planetaria.

Pero el aumento del nivel del mar es solo el principio. El deshielo masivo altera las propiedades físicas y químicas de los océanos. La llegada de enormes cantidades de agua dulce reduce la salinidad y modifica la densidad del océano Austral. Este fenómeno no solo cambia la temperatura del agua, sino que también afecta a las grandes corrientes marinas, como la Corriente Circumpolar Antártica (la más potente del planeta), ralentizándola y alterando los patrones climáticos globales.

El impacto no acaba ahí: al reducirse la superficie blanca y reflectante del hielo (lo que los científicos llaman “albedo”), nuestro planeta absorbe más radiación solar. Esto acelera aún más el calentamiento global en un preocupante efecto dominó: menos hielo, más calor; más calor, menos hielo.

Ecosistemas en peligro y especies al límite

La fauna antártica, adaptada durante millones de años a condiciones extremas pero estables, se enfrenta a una crisis sin precedentes. Los equinodermos —estrellas de mar, erizos y pepinos—, fundamentales para el ecosistema marino polar, ya muestran señales de estrés debido al descenso en la salinidad provocado por el agua dulce del deshielo. Su supervivencia está en juego y, con ella, la estabilidad del ecosistema marino antártico.

Las plataformas de hielo también actúan como barreras naturales. Su desaparición podría desencadenar deslizamientos masivos e incluso influir en la actividad volcánica local. Estudios recientes sugieren que el alivio repentino de peso sobre las cámaras magmáticas puede aumentar la probabilidad e intensidad de erupciones volcánicas en la región. En resumen: perder hielo podría agitar literalmente las entrañas geológicas del continente.

Cambios invisibles pero cruciales

No todo es tan visible como un mapa costero inundado o un iceberg desmoronándose. El océano Austral es uno de los grandes pulmones azules del planeta: regula el clima global y absorbe parte importante del dióxido de carbono atmosférico. Los cambios en sus corrientes y composición química podrían reducir esta capacidad “limpiadora”, retroalimentando aún más el cambio climático.

Además, con el deshielo se liberan gases atrapados durante milenios —como metano y CO₂—, potenciando aún más el efecto invernadero. Es como si abriéramos una nevera antigua y descubriéramos que todo lo guardado dentro lleva siglos esperando para contribuir al calentamiento global.

¿Qué pasaría realmente? Una lista rápida para imaginarlo

Curiosidades científicas sobre el hielo antártico

El futuro del hielo antártico es una cuestión abierta cuya respuesta afecta no solo a pingüinos o a intrépidos exploradores polares, sino al conjunto mismo de la humanidad. Quizá nunca esté tan justificada aquella frase popular: “lo que pasa en la Antártida no se queda en la Antártida”.

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