Tremenda decepción. Al menos para los aficionados al cine de susta, a los que va a costar poder volver a ver Parque Jurásico y sentir los mismos sustos y cuando los terribles velociraptores se lanzan al ataque.
En la película, como todos recuerdan, los enormes y ágiles predadores despachaban a sus víctimas clavándoles las garras y destripándolos.
Todo falso. Los paleontólogos de la Universidad de Manchester han estudiado con detalle la biomecánica del velociraptor, analizado sus garras, y llegado a la soprendente conclusión de que estas no eran los suficientemente duras para atravesar la piel de otros dinosaurios.
¿Para qué les servían entonces? Pues para encarmarse a los árboles.
Si el gran Steven Spielberg lo hubiera sabido, seguro que no hubiera acepotado pagar la millonada que se embolsó el escritor Michael Crichton, en concepto de derechos cinematográficos.
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