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Gigantes de cuello largo con un futuro incierto

Cuando las jirafas casi devoran -en vivo y en directo- la mítica melena del futbolista brasileño David Luiz

La ciencia desmiente mitos y descubre una especie con lazos afectivos profundos y estructuras sociales sofisticadas

Fernando Veloz Actualizado: 06 Dic 2024 - 06:56 CET
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Lo que pasa por acercarse demasiado.

El futbolista brasileño David Luiz, que juega como defensor central en el Chelsea, ha publicado en su cuenta de Instagram un gracioso video de su encuentro con dos jirafas en un parque zoológico de Dubái (Emiratos Árabes Unidos).

El deportista posó con los animales sosteniendo una rama en su boca.

Las jirafas empezaron a comerse la planta, pero una de ellas continuó con el característico cabello del jugador.

Afortunadamente, David Luiz salió ileso y con su cabello intacto.

Gigantes de cuello largo con un futuro incierto

Las jirafas, esos majestuosos gigantes de la sabana africana, han sido durante mucho tiempo un símbolo de elegancia y singularidad en el reino animal.

Sin embargo, recientes investigaciones están desafiando nuestras percepciones sobre estos fascinantes seres, revelando una complejidad social y evolutiva que va mucho más allá de su característico cuello largo.

Contrario a la creencia popular de que las jirafas son criaturas solitarias, estudios recientes han descubierto que estos animales poseen una vida social rica y compleja. Zoe Muller, etóloga de la Universidad de Bristol, expresa su asombro: «Me desconcierta que una especie africana tan grande, icónica y carismática haya sido poco estudiada durante tanto tiempo». Esta declaración refleja el cambio de paradigma que estamos experimentando en nuestra comprensión de las jirafas.

La investigación liderada por Muller y el zoólogo Stephen Harris ha revelado que las jirafas forman vínculos duraderos con otros miembros de sus manadas, desafiando la noción previa de que solo existían lazos entre madres y crías. Estos grupos, que suelen constar de entre 3 y 9 ejemplares, demuestran una sofisticación social comparable a la de elefantes, cetáceos y chimpancés.

Pero, ¿cómo se manifiesta esta complejidad social? Imaginen una guardería de jirafas, donde las hembras adultas no solo cuidan de sus propias crías, sino que también se ocupan de los pequeños de otras madres. Se ha observado a jirafas hembras limpiando y lamiendo a crías ajenas, un comportamiento que sugiere la existencia de un sistema de crianza cooperativa. Este fenómeno no solo se ha documentado en la naturaleza, sino también en cautiverio, lo que indica que es un rasgo inherente a la especie.

La estructura social de las jirafas parece tener un fuerte componente matrilineal, con las hembras mayores desempeñando un papel crucial en la supervivencia del grupo. Este descubrimiento ha llevado a los científicos a proponer la «hipótesis de la abuela» para las jirafas, similar a lo observado en humanos y otras especies de mamíferos longevos. Las «abuelas» jirafa, que pasan más del 30% de su vida en estado post-reproductivo, contribuyen significativamente al cuidado y la protección de las generaciones más jóvenes.

Pero no todo son buenas noticias en el mundo de las jirafas. Aunque un reciente censo ha revelado un aumento del 20% en la población total desde 2015, alcanzando los 117.000 ejemplares, este incremento se debe en parte a métodos de conteo más precisos. Julian Fennessy, director ejecutivo de la Fundación para la Conservación de la Jirafa, advierte que no debemos bajar la guardia: «Es estupendo ver que estas cifras aumentan, pero aún queda mucho por hacer».

La taxonomía de las jirafas también ha sido objeto de debate. Recientes estudios genéticos sugieren la existencia de cuatro especies distintas de jirafas, en lugar de una sola con varias subespecies. Esta distinción tiene implicaciones importantes para la conservación, ya que algunas de estas especies, como la jirafa del norte, se encuentran en peligro crítico de extinción.

Y hablando de evolución, ¿qué hay de ese famoso cuello largo? Contrario a la creencia popular inspirada en las teorías de Darwin, no fue solo la necesidad de alcanzar hojas altas lo que llevó a este desarrollo. Investigaciones recientes sugieren que el combate sexual y la competencia por el alimento jugaron un papel crucial en la evolución del cuello y el cráneo de las jirafas. Como dice el investigador Meng: «La alimentación puede ser un resultado evolutivo, el sexo puede ser la vía que conduce a este resultado y, sobre todo, cada especie debe encontrar su lugar en la ecología si quiere sobrevivir en un entorno desafiante».

Las adaptaciones de las jirafas van más allá de su cuello. Su corazón, de unos 11 kg de peso y 60 cm de largo, es una maravilla de la ingeniería natural, capaz de bombear sangre a través de ese largo cuello hasta el cerebro. Su lengua prensil de 50 cm les permite alcanzar hojas entre las espinas de las acacias sin lastimarse. Y su sistema digestivo de cuatro cámaras les permite procesar eficientemente su dieta fibrosa mientras caminan, maximizando el tiempo de forrajeo.

En el ámbito de la conservación, los esfuerzos están dando frutos. Jenna Stacy-Dawes, bióloga de la Alianza para la Vida Silvestre del Zoo de San Diego, señala: «Aunque los métodos avanzados de estudio pueden ser el motivo detrás de parte del aumento de las estimaciones de población, ha habido indicadores muy positivos de que los programas de conservación sobre el terreno también están teniendo un profundo impacto».

A medida que profundizamos en el estudio de las jirafas, nos damos cuenta de que estos animales son mucho más que un cuello largo y un pelaje moteado. Son seres sociales complejos, con estructuras familiares sofisticadas y adaptaciones asombrosas. Comprender su verdadera naturaleza no solo enriquece nuestro conocimiento del mundo natural, sino que también fortalece nuestros esfuerzos para protegerlas.

Como reflexión final, quizás sea hora de que dejemos de ver a las jirafas como simples «torres con patas» y comencemos a apreciarlas como los seres fascinantes y complejos que son. Después de todo, en el mundo animal, como en el humano, las apariencias a menudo engañan, y la verdadera maravilla se encuentra en los detalles que no se ven a simple vista.

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