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Se trata de un animal que estuvo vivo hace 99 millones de años

Al estilo de ‘Jurassic Park’: Encuentran un caracol del Cretácico y sus 5 crías preservados en ámbar

La preservación de los cuerpos blandos de los caracoles terrestres es una rareza, lo que hace único el hallazgo

Fernando Veloz Actualizado: 26 Ene 2025 - 08:04 CET
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La película ‘Jurassic Park’ trajo de vuelta a la vida a los dinosaurios a partir de pequeños mosquitos capturados en ámbar.

Ahora, esta misma sustancia ofrece a los científicos la oportunidad de ver al detalle cómo era un caracol del Cretácico y sus cinco crías.

El cuerpo y el caparazón de una hembra de caracol terrestre ha sido descubierta excepcionalmente bien conservada poco después del nacimiento de su descendencia, que también se conserva en ámbar.

Los caracoles terrestres generalmente se conservan como conchas o huellas de caracoles fosilizados, mientras que la preservación de sus cuerpos blandos es una rareza. Es el caso del nuevo hallazgo datado hace 99 millones de años, tanto del caracol como de su prole.

Junto con colegas de China y Alemania, la doctora Adrienne Jochum del Instituto de Investigación Senckenberg examinó el ámbar usando fotografías de alta resolución e imágenes de micro-tomografía computarizada y pudo revelar el caparazón del caracol, que tiene unos 11 milímetros de alto, y el cuerpo «parecido a un malvavisco» de la madre así como las cinco crías recién nacidas.

«Aparentemente, los caracoles fueron encerrados en la resina del árbol inmediatamente después del nacimiento y preservados en esa posición durante millones de años. La madre caracol debe haber notado su destino inminente y está estirando sus tentáculos hacia arriba en una postura de ‘alerta roja'», agrega Jochum

Aunque se conocen nacimientos vivos en caracoles terrestres, se los considera la excepción.

Los investigadores asumen que la especie, recientemente descrita como Cretatortulosa gignens, dio a luz a sus crías con vida para proteger a su descendencia de los depredadores el mayor tiempo posible en los bosques tropicales del Cretácico.

Según el estudio, el fósil de una mina de ámbar en el norte de Myanmar ofrece información sin precedentes sobre la ecología y el comportamiento de los caracoles que vivieron hace 99 millones de años.

«Basándonos en el descubrimiento, no solo podemos hacer declaraciones sobre la morfología y paleoecología de los animales, sino que ahora también sabemos que existieron caracoles vivíparos en el período Cretácico», agrega Jochum.

Fósiles en ámbar: Ventanas al pasado y claves para el futuro

El ámbar, esa sustancia dorada y translúcida que ha cautivado a la humanidad durante milenios, no es solo una joya preciosa, sino también una cápsula del tiempo que nos permite viajar millones de años atrás.

Formado a partir de la resina de árboles prehistóricos, el ámbar ha conservado en su interior un tesoro invaluable para la ciencia: organismos perfectamente preservados que nos ofrecen una visión única de la vida en épocas remotas.

Imaginen por un momento que pueden congelar un instante de la vida cotidiana y preservarlo intacto durante millones de años. Eso es exactamente lo que hace el ámbar. Desde diminutos insectos hasta plumas de dinosaurios, pasando por flores y hasta pequeños vertebrados, el ámbar ha capturado y conservado una asombrosa variedad de formas de vida prehistóricas.

Pero, ¿cómo ocurre este proceso de preservación? Todo comienza con la resina pegajosa que fluye de los árboles. Esta sustancia viscosa atrapa a pequeños organismos, que quedan inmovilizados en su interior. Con el paso del tiempo, la resina se endurece y fosiliza, creando un ambiente hermético que protege a los especímenes de la descomposición. El resultado es una preservación excepcional que permite a los científicos estudiar detalles anatómicos que normalmente se perderían en el proceso de fosilización convencional.

Viktor Baranov, científico del CSIC en la Estación Biológica de Doñana, ha liderado recientemente un estudio fascinante sobre animales acuáticos preservados en ámbar. «Estos hallazgos nos proporcionan evidencias para determinar que seguramente la preservación de estos animales se hizo in situ en el agua», explica Baranov. Este descubrimiento desafía nuestra comprensión previa de cómo se forman los fósiles de ámbar y abre nuevas posibilidades para el estudio de ecosistemas acuáticos prehistóricos.

Pero el ámbar no solo nos ofrece una ventana al pasado; también ha despertado la imaginación de científicos y público en general sobre la posibilidad de «resucitar» especies extintas. La idea, popularizada por la franquicia de Jurassic Park, de extraer ADN de insectos preservados en ámbar para clonar dinosaurios, ha capturado la imaginación colectiva. Sin embargo, la realidad científica es bastante diferente.

George Church, genetista de la Universidad de Harvard, lidera un ambicioso proyecto de «desextinción» del mamut. Aunque no utiliza ADN extraído de ámbar, su equipo está trabajando en insertar genes de mamut recuperados de ADN primitivo en el genoma del elefante asiático moderno. Este enfoque, aunque fascinante, está lejos de ser una recreación exacta de la especie extinta.

La verdad es que el ADN se degrada con el tiempo, incluso en las condiciones de preservación ideales del ámbar. Victoria Arbour, experta en dinosaurios del Royal Ontario Museum, señala: «Soy reacia a decir que sea imposible. Hay tantas disciplinas científicas que llevan a cabo descubrimientos que quizá algo difícil de imaginar ahora, como resucitar a un dinosaurio, podría ser posible dentro de 25, 50 o 100 años».

Sin embargo, el consenso científico actual es que la extracción de ADN viable de especímenes preservados en ámbar de hace decenas o cientos de millones de años es, por ahora, imposible. El récord actual de ADN más antiguo secuenciado es de poco más de un millón de años, proveniente de mamuts congelados en el permafrost.

Entonces, ¿qué tan verosímil es Jurassic Park? Aunque la película capturó magistralmente nuestra fascinación por los dinosaurios y popularizó conceptos de genética y clonación, su premisa central sigue siendo ciencia ficción. No obstante, ha inspirado a toda una generación de científicos a explorar los límites de lo posible en genética y paleontología.

Los avances en el estudio del ámbar y la genética antigua están abriendo nuevas vías de investigación que, si bien no nos llevarán a un parque de dinosaurios, sí nos están proporcionando información invaluable sobre la evolución de la vida en nuestro planeta. Por ejemplo, el análisis de polen preservado en ámbar nos permite reconstruir ecosistemas prehistóricos completos, mientras que el estudio de insectos fosilizados nos ayuda a comprender cómo han evolucionado las especies a lo largo de millones de años.

El ámbar y los fósiles:

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