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¿Quién no ha sentido alguna vez ese nudo en la garganta y los ojos empañados justo cuando recibe una gran noticia o presencia un momento inolvidable?
Llorar de alegría es una reacción universal, y, aunque parezca contradictorio, es tan natural como el llanto por tristeza.
¿Por qué lloramos cuando estamos felices?
Este curioso cruce de emociones ha fascinado a científicos, psicólogos y poetas desde hace siglos.
Cuando la felicidad nos sobrepasa, el cuerpo pone en marcha un mecanismo fisiológico y emocional complejo.
Las lágrimas emocionales, a diferencia de las que surgen al picar cebolla o ante una mota de polvo, se producen como respuesta a emociones intensas: tristeza, rabia… ¡y sí, también alegría!
El sistema límbico, responsable de regular nuestras emociones, envía señales al hipotálamo para activar las glándulas lagrimales a través del sistema nervioso autónomo. Así, se produce ese torrente líquido que a veces no podemos evitar.
Pero las lágrimas alegres no son simples gotas saladas.
Estudios han demostrado que contienen más prolactina, adrenocorticotropina y leucina encefalina (un calmante natural) que las lágrimas reflejas o basales.
Este cóctel químico ayuda a regular el estrés y libera tensiones acumuladas en nuestro organismo. Por eso, tras llorar sentimos una especie de alivio y relajación tan placenteros como una buena carcajada o un baño caliente.
¿Por qué mezclamos risa y llanto?
Este fenómeno tiene sentido evolutivo y social. Llorar no solo limpia el ojo o elimina toxinas: cumple una función comunicativa poderosa. Cuando alguien llora –sea de pena o felicidad– los demás detectan que esa persona está viviendo algo intenso y responden con empatía y apoyo. Así se refuerzan los lazos sociales y se crea cohesión en el grupo.
Además, el llanto emocional puede actuar como válvula de escape ante un pico de tensión (incluso positiva). Cuando la emoción es tan intensa que no cabe en palabras ni gestos convencionales, el cuerpo busca una vía alternativa para canalizarla: la lágrima. Por eso lloramos al reencontrarnos con un ser querido tras años separados, al ver nacer un hijo o durante una ovación inesperada.
La ciencia también explica por qué sentimos ese famoso “nudo en la garganta” antes de romper a llorar. Es un efecto del sistema nervioso autónomo, que prepara al cuerpo para responder ante la avalancha emocional enviando más oxígeno a los músculos. La glotis se abre más para facilitar la respiración, lo que genera esa sensación extraña justo antes del llanto.
Curiosidades científicas sobre el llanto (y las lágrimas felices)
- Las lágrimas emocionales ayudan a eliminar sustancias relacionadas con el estrés del cuerpo, como el cortisol.
- Después de llorar, bajan los niveles de adrenalina y noradrenalina, facilitando la relajación.
- No todas las personas experimentan igual el llanto: hay quien lo reprime por educación o personalidad, aunque dejarlo fluir es recomendable para regular emociones fuertes.
- El llanto estimula la liberación de oxitocina y endorfinas, hormonas asociadas con la calma y el bienestar.
- Algunos estudios sugieren que llorar ante emociones intensas ayuda al aprendizaje y la creatividad gracias a la neuroplasticidad cerebral.
- Las lágrimas emocionales pueden inducir respuestas protectoras en otras personas e incrementar su empatía hacia quien llora.
- En ciertos casos extremos de felicidad (por ejemplo, ganar un premio inesperado), el llanto puede ir acompañado de risa incontrolable e incluso pequeños espasmos musculares.
- El “globo faríngeo”, ese nudo en la garganta previo al llanto, tiene explicación médica: es un reflejo para aumentar la entrada de aire al organismo cuando nos preparamos para liberar emociones.
- Según registros históricos, personajes famosos como Charles Darwin estudiaron el fenómeno del llanto humano y su función evolutiva.
- Los bebés ya lloran al nacer como señal vital… pero no empiezan a llorar de alegría hasta mucho después; primero descubren la risa.
El llanto en la cultura popular: diez expresiones españolas
El idioma español está repleto de frases hechas sobre el llanto. Algunas reflejan resignación; otras ironía; casi todas ingenio popular. Aquí van diez expresiones típicas:
- Llorar a moco tendido – Llorar sin ningún pudor ni disimulo.
- Llorar como una Magdalena – Llorar desconsoladamente (en referencia bíblica).
- Lágrimas de cocodrilo – Fingir tristeza sin sentirla realmente.
- Quien no llora no mama – Hay que pedir lo que se necesita (aunque sea con lágrimas).
- Llorar por los rincones – Lamentarse en silencio o sin testigos.
- Al freír será el reír; al contar será el llorar – Lo que ahora parece gracioso puede acabar siendo motivo de arrepentimiento o tristeza.
- Más vale reír que llorar – Mejor tomarse las cosas con humor.
- No hay mal que por bien no venga (ni lágrima sin consuelo) – Todo sufrimiento trae algo positivo.
- Llora ahora y ríe después – El esfuerzo o sufrimiento inicial trae recompensa futura.
- Llorar sobre leche derramada – Lamentarse inútilmente por algo ya sucedido.
¿Sabías que incluso existen refranes cruzados entre risa y llanto? En España es habitual escuchar “al freír será el reír” cuando algo parece divertido pero puede acabar mal… ¡o “al contar será el llorar”, si lo gracioso se vuelve tragedia!
Un toque de humor (y alguna anécdota histórica)
Dicen que los humanos somos los únicos animales capaces de llorar por alegría (aunque algunos aseguran haber visto perros emocionados hasta soltar una lagrimilla cuando sus dueños regresan…). Lo cierto es que este superpoder emocional nos hace únicos.
En 1981, un grupo de científicos analizó lágrimas humanas recogidas tras películas tristes… ¡y también tras escenas alegres! Descubrieron diferencias químicas insólitas según el origen emocional del llanto. Así nació toda una línea científica dedicada a estudiar “el poder terapéutico del sollozo”.
Y para quienes tengan dudas: sí, es normal emocionarse hasta las lágrimas viendo ganar a tu equipo favorito o escuchando esa canción especial en directo. Como diría cualquier abuela española: “llorar limpia el alma… y deja los ojos brillantes”.
¿Quieres una última curiosidad? En Japón existe incluso un “lloratorio”: un lugar donde la gente acude expresamente a ver películas tristes para desahogarse juntos… ¡y salir después con la sonrisa renovada!
Así que si alguna vez te sorprendes soltando alguna lagrimita mientras ríes a carcajadas… felicidades: tu cerebro está funcionando exactamente como debe.
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