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GUÍA PRÁCTICA PARA SOBREVIVIR AL CALOR NOCTURNO

Trucos para no morir de calor en las asfixiantes noches de verano

Dormir bien en verano puede parecer misión imposible, pero existen trucos científicos y caseros para no sucumbir al calor y lograr un sueño reparador

Mario Lima 20 Jun 2025 - 17:18 CET
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El verano trae consigo largos días de sol, helados a todas horas y siestas bajo el ventilador. Pero también regala, para desgracia de muchos, noches asfixiantes en las que dormir se convierte en una auténtica prueba de resistencia. La escena es conocida: das vueltas en la cama, sudas como si acabaras de correr una maratón y miras el reloj deseando que amanezca solo para poder rendirte. ¿Existe solución más allá del aire acondicionado y la resignación? La ciencia y la experiencia popular dicen que sí.

Palabras clave como “descanso”, “temperatura corporal”, “hidratación” o “ropa de cama” se han colado este año entre las tendencias de búsqueda más recurrentes cada vez que sube el mercurio. Y no es para menos: mantener una temperatura corporal adecuada durante la noche es fundamental para iniciar y mantener el sueño profundo. Los expertos coinciden en que el cuerpo necesita bajar su temperatura interna alrededor de un grado para dormir bien, algo que resulta complicado cuando el termómetro no baja ni a tiros.

El aire acondicionado natural del cuerpo: trucos avalados por especialistas

El doctor José Manuel Felices Farias se ha convertido este verano en un inesperado influencer gracias a sus trucos sencillos pero efectivos para dormir frescos incluso sin aire acondicionado. El primero, tan simple como efectivo: sumergir las muñecas en agua fría durante 30 segundos antes de acostarse. Esta maniobra enfría la sangre que circula por esa zona y ayuda a reducir la temperatura corporal general. Si eres fan del “hazlo tú mismo”, aquí tienes otra joya: humedece la sábana con agua fresca justo antes de irte a dormir. El fenómeno físico detrás es sencillo pero genial: cuando el agua se evapora absorbe calor del entorno —incluido tu cuerpo— generando un efecto refrigerante natural.

¿Te atreves con algo más radical? Prueba los calcetines congelados. Mételos en el congelador un rato antes de dormir y colócalos sobre los pies. Puede sonar a broma, pero el enfriamiento de zonas distales (manos y pies) favorece la disipación del calor central del cuerpo.

Más allá del ventilador: trucos caseros y consejos diarios

Si eres del club “no puedo vivir sin ventilador”, hay formas de optimizar su uso: coloca un bol o una botella congelada delante de él para que el aire circule más fresco por la habitación. También puedes optar por soluciones clásicas como ventilar bien al caer la tarde y cerrar persianas y cortinas durante el día para evitar que entre el sol y se recaliente tu guarida nocturna. Y sí, lo creas o no, fregar el suelo antes de acostarte ayuda a refrescar temporalmente la estancia; si tienes suelos cerámicos, notarás aún más el efecto.

En cuanto a los materiales de tu cama, apuesta siempre por sábanas de algodón o lino, tejidos naturales que transpiran mejor y no atrapan tanto calor como los sintéticos. Si eres muy caluroso o tienes fundas plásticas en el colchón (muy habituales con niños pequeños), retíralas estos días.

Ducha templada, hidratación constante y cenas ligeras

La tentación de darse una ducha helada está ahí, pero los expertos recomiendan terminar siempre con agua templada. Así evitas un contraste brusco que podría hacerte sudar aún más al salir del baño. Aprovecha también para refrescar puntos clave del cuerpo como nuca, muñecas, tobillos o la parte posterior de las rodillas con toallas mojadas o directamente bajo el grifo.

Nada peor que irse a dormir hinchado tras una cena copiosa. Opta por cenas ligeras y realiza la última ingesta al menos dos horas antes de irte a dormir. En cuanto a la hidratación, bebe agua durante todo el día aunque no tengas sed; evita bebidas alcohólicas ya que deshidratan y alteran el sueño.

Melatonina, luz natural y horarios regulares: aliados invisibles

La melatonina, esa hormona mágica que regula nuestro reloj biológico, tiene mucho que ver con cómo dormimos en verano. Exponerse a luz natural por la mañana ayuda a sincronizar su producción por la noche; en cambio, usar pantallas justo antes de dormir (móvil incluido) puede retrasar su liberación y dificultar todavía más conciliar el sueño. Mantén horarios estables incluso en vacaciones e intenta relajarte antes de acostarte con meditación suave o respiraciones profundas.

Dormitorios frescos (y otros trucos menos conocidos)

Anécdotas fresquitas y curiosidades estivales

Ya sabes: si este verano te sorprende otra noche tropical, puedes elegir entre meterte bajo una sábana húmeda cual faraón egipcio o hacerle caso al doctor Felices con sus calcetines congelados. Al fin y al cabo, sobrevivir al calor nocturno es casi un arte… ¡y siempre mejor con humor!

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