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NOVEDADES EN LA LUCHA CONTRA LA OBESIDAD

Consejos del experto antes de iniciar tratamientos con medicamentos para la obesidad

Los expertos advierten: antes de comenzar con semaglutida o tirzepatida, es fundamental combinar estos fármacos con una dieta mediterránea y ejercicio para lograr resultados sostenibles y seguros

Fernando Veloz 08 Abr 2026 - 17:04 CET
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Piensa en tu cuerpo como un coche potente con el depósito vacío y las ruedas pinchadas.

Da igual cuánto pises el acelerador: sin combustible ni tracción, no hay manera de arrancar. Así explican los especialistas el papel de los nuevos medicamentos contra la obesidad, esos que llenan titulares y despiertan esperanzas a partes iguales.

Porque la semaglutida y la tirzepatida son reales, y sus resultados también. Pero no son una varita mágica.

La Organización Mundial de la Salud acaba de publicar unas directrices que vienen a decir, con toda la autoridad que le da el cargo, algo que muchos médicos llevan años repitiendo en consulta: los fármacos ayudan, y mucho, pero solos no bastan.

Una hormona del intestino que cambió la medicina

Estos medicamentos pertenecen a una familia conocida como agonistas del GLP-1, una hormona que el propio organismo produce en el intestino para regular el apetito y la saciedad. Los fármacos la imitan, la amplifican, y el resultado es que el cerebro recibe antes la señal de ya he comido suficiente. Las pérdidas de peso que se documentan en los ensayos clínicos rondan el 15 y el 20%. Cifras que, hasta hace poco, solo se conseguían con cirugía.

El contexto importa: la obesidad afecta hoy a más de mil millones de personas en el mundo y, según datos de la propia OMS, causó 3,7 millones de muertes en 2024. No es un problema estético ni una cuestión de fuerza de voluntad. Es una enfermedad crónica, compleja, con raíces genéticas, metabólicas y psicológicas. Tratarla solo con una inyección semanal sería como intentar apagar un incendio con un vaso de agua.

La dieta mediterránea vuelve a ganar

Si hay una conclusión clara en toda la literatura científica reciente, es que el fármaco funciona mejor cuando hay alguien en casa. Y en casa, lo que mejor funciona, sigue siendo la dieta mediterránea.

El nutricionista Jordi Salas-Salvadó, uno de los investigadores más respetados en este campo, lo tiene claro: una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, pescado y aceite de oliva no solo ayuda a perder peso, sino que mejora el colesterol, baja la presión arterial y reduce la inflamación. Mejor, de hecho, que cualquier dieta baja en grasas o en carbohidratos que se haya comparado con ella.

El estudio PREDIMED-Plus, realizado en España, lo confirmó con datos: cuando esta dieta se combina con ejercicio físico y terapia conductual, los resultados mejoran de forma notable. Más pérdida de peso y menos riesgo cardiovascular. Las dos cosas a la vez.

El músculo, el gran olvidado

Hay un efecto secundario del que se habla menos: cuando se pierde peso muy rápido, no todo lo que se va es grasa. Entre un 15 y un 40% de lo perdido bajo tratamiento con GLP-1 puede ser masa muscular, si no se hace ejercicio. El temido efecto flácido tiene base científica.

Aquí entra en juego una de las innovaciones más prometedoras: el bimagrumab, un anticuerpo que, combinado con semaglutida, parece proteger el músculo mientras elimina la grasa. En el ensayo clínico BELIEVE, el 92,8% del peso perdido fue grasa pura. Los investigadores lo describen como añadir un turbo al motor.

Mientras tanto, el consejo más antiguo y más barato sigue en pie: caminar. Treinta minutos a paso ligero, nadar, subir escaleras. No hace falta un gimnasio. Hace falta constancia.

El precio de la revolución

Wegovy, Ozempic, Zepbound. La Agencia del Medicamento de Estados Unidos (FDA) ha dado luz verde a todos ellos. Pero la OMS añade una advertencia que conviene no perder de vista: estos medicamentos son caros, su suministro es limitado, y si no se acompañan de políticas públicas serias, podrían convertirse en un tratamiento solo para quienes pueden permitírselo.

La desigualdad en salud tiene muchas caras. Esta podría ser una de las nuevas.

Antes de ponerse a inyectarse

Los expertos de la Mayo Clinic insisten en que nadie debería empezar un tratamiento de este tipo sin pasar antes por consulta. Si el índice de masa corporal es igual o superior a 30, la primera visita es al endocrino o al nutricionista. Antes de arrancar con el fármaco, conviene llevar al menos cuatro o seis semanas de dieta equilibrada y ejercicio regular, evaluar posibles riesgos cardiovasculares o renales, y controlar la masa muscular de partida.

Las dosis, además, se empiezan bajas y se suben despacio. Las náuseas y la diarrea son los efectos secundarios más frecuentes al inicio, y la forma de minimizarlos es no tener prisa.

Y una advertencia que no debería hacer falta pero que la OMS se ha visto obligada a lanzar: cuidado con las falsificaciones. El mercado negro de estos fármacos crece al mismo ritmo que su fama.

Lo básico sigue siendo lo básico

Hay un dato que resume bien todo esto: entre los investigadores premiados con el Lasker Award 2024 por su contribución al desarrollo de estos fármacos están Joel Habener, Svetlana Mojsov y Lotte Bjerre Knudsen. Décadas de ciencia, millones en investigación, ensayos clínicos en medio mundo. Y aun así, el mensaje que sale de todos sus trabajos es el mismo de siempre.

Come bien. Muévete. Duerme. No fumes. Gestiona el estrés.

Los medicamentos pueden ser una palanca extraordinaria para quienes los necesitan. Pero la palanca no mueve nada si no hay quien empuje.

Date un paseo al atardecer esta tarde. Tu cuerpo lleva esperándolo mucho más tiempo que la semaglutida.

Ozempic y compañía: caros en España hasta 2031, pero el mundo ya tiene genéricos

Ponerse una inyección semanal para perder peso cuesta en España entre 200 y 350 euros al mes. Al año, entre 2.400 y 4.200 euros. De su bolsillo, sin que la Seguridad Social ponga un euro, porque Wegovy no tiene financiación pública para la obesidad. Solo Ozempic puede estar cubierto, y únicamente cuando se usa para la diabetes tipo 2 bajo criterios médicos estrictos.

No es un capricho caro. Es, para muchos pacientes, directamente inaccesible.

El mapa de los precios

Wegovy —semaglutida para la obesidad— ronda los 292 euros al mes en la dosis habitual de mantenimiento. Mounjaro —tirzepatida— puede superar los 440 euros mensuales a dosis altas. Ozempic, que comparte principio activo con Wegovy pero está indicado para la diabetes, tiene un precio de venta al público de 128 euros.

Son medicamentos de por vida. En cuanto se dejan, el peso vuelve. La factura, por tanto, no tiene fecha de caducidad.

La patente: buenas noticias para el mundo, no tanto para España

El 20 de marzo de 2026 fue una fecha histórica para la industria farmacéutica. Ese día expiró la patente de la semaglutida en India, convirtiéndose en el primer gran mercado en abrir la puerta a versiones genéricas de los superventas de Novo Nordisk. Más de 40 laboratorios indios lanzaron o anunciaron genéricos prácticamente el mismo día.

La carrera de los genéricos promete un desplome de precios de entre el 80 y el 90%, hasta situar el tratamiento mensual en apenas 15 o 30 dólares. Una revolución. Pero una revolución que, de momento, es para otros.

En España y en el resto de la Unión Europea, Novo Nordisk obtuvo una extensión de protección mediante el llamado Certificado Complementario de Protección, que prolonga la exclusividad comercial hasta marzo de 2031. La tirzepatida de Mounjaro, por su parte, tiene su patente protegida hasta 2036.

Una farmacéutica española ya está en la carrera

Hay empresas españolas que no se quieren quedar fuera. Galenicum se ha asociado con la india Lupin para fabricar un genérico de semaglutida, aunque de momento sin mercado europeo al que llegar.

Mientras tanto, el Ministerio de Sanidad y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) ya tienen en el horizonte la llegada del genérico, y confían en que contribuya a reducir el riesgo de desabastecimiento cuando llegue el momento.

Ese momento, para los pacientes españoles, no llegará antes de finales de 2031. Cinco años en los que seguirán pagando entre 200 y 440 euros al mes, o renunciando al tratamiento.

La medicina avanza a velocidad de vértigo. El acceso a ella, bastante más despacio.

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