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Estudio del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca

Si tu dieta es sana, el estrés es malo, pero si comes grasas el estres te ayuda a prevenir enfermedades

Los investigadores descartan que la presión arterial contribuya al desarrollo de diabetes tipo 2

EP 07 Ago 2013 - 08:23 CET
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Un estudio del Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca (CIC) explica por primera vez en la historia la relación entre el estrés, el sistema nervioso, la obesidad y las dietas sanas y con alto contenido en grasa.

Los resultados del trabajo, realizados con animales modificados genéticamente y publicados en la revista Cell MetabolismChronic Sympathoexcitation through Loss of Vav3, a Rac1 Activator, Results in Divergent Effects on Metabolic Syndrome and Obesity Depending on Diet–, dan por primera vez una visión clara sobre el síndrome metabólico, término médico empleado para las patologías relacionadas con la obesidad.

Los científicos han constatado que el sistema nervioso y el estrés tienen funciones diferentes en el desarrollo de las denominadas «enfermedades del siglo XXI» en función de la dieta habitual de los individuos.

El estrés y la hiperestimulación nerviosa favorecen el desarrollo de hígado graso, la diabetes tipo 2 y otros problemas relacionados como la hiperglucemia, hiperinsulinemia y la hiperlipidemia en personas que mantienen una dieta sana, mientras que en individuos con dieta grasa, el estrés funciona como protector, evitando que surjan estas enfermedades e, incluso, la obesidad.

Los resultados también han permitido descartar de manera inequívoca que la presión arterial alta contribuya de manera directa al desarrollo de la diabetes de tipo 2 como se postulaba en algún estudio previo.

RATONES MODIFICADOS GENÉTICAMENTE

Durante estudios previos, el equipo, del que forman parte los doctores del CIC Mauricio Menacho-Márquez y del Centro de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas (Cimus) de Santiago de Compostela Rubén Nogueiras y Carlos Diéguez, había desarrollado un ratón modificado genéticamente para analizar el posible papel terapéutico de la oncoproteína Vav3 en cáncer y otras patologías.

Cuando estos animales fueron analizados, el grupo pudo comprobar que tenían una alteración desde su nacimiento que hacía que tuviesen continuamente activado el sistema nervioso relacionado con el estrés.

«Esto nos dio la idea de utilizarlos para solventar todas las preguntas relacionadas con la acción del estrés sobre enfermedades metabólicas», ha aseverado Menacho-Márquez.

«Estos ratones nos dan un modelo único para estudiar cómo el estrés contribuía a largo plazo al desarrollo o prevención de dichas enfermedades metabólicas, algo que nunca se pudo abordar con humanos», han subrayado los doctores Bustelo y Menacho-Márquez.

De hecho, en palabras de Bustelo, «el seguimiento periódico de estos roedores desde su nacimiento hasta una edad equivalente a la que tendrían personas con 80 años nos daba una oportunidad única de ver los efectos a largo plazo del estrés y, además, ver cómo éstos variaban en función de la dieta, la edad o la administración de diversos tipos de fármacos».

Además, «dado que los animales tenían un componente genético homogéneo y condiciones ambientales idénticas, nos permitía establecer correlaciones directas entre las condiciones experimentales y la evolución de la enfermedad y, por tanto, establecer inequívocamente causas y efectos», concluye el doctor Menacho-Márquez.

REACCIÓN FRENTE AL ESTRÉS

Además, la investigación predice que terapias dirigidas contra la rama del sistema nervioso que determina la reacción del organismo al estrés podrían ser de interés para tratar pacientes con síndrome metabólico que no sean obesos.

En cambio, esas terapias pasarían a tener efectos perniciosos en caso de ser administradas a pacientes obesos.

«Cuando vimos la disparidad de datos clínicos existentes sobre las interconexiones entre estrés, síndrome metabólico, obesidad y dieta, nos dimos cuenta de que teníamos el animal modelo ideal para resolver las polémicas existentes en este campo» ha explicado el profesor del CIC y director del grupo de trabajo Xosé Bustelo.

 

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