Las células madre pluripotentes (iPS) son un tipo de células madre con la capacidad para diferenciarse en cualquier tipo de célula del organismo. Por tanto, y cuando menos en teoría, estas iPS pueden ser empleadas para crear órganos y tejidos sanos para reemplazar a aquellos deteriorados por una lesión o enfermedad o, simplemente, por el paso de los años. Tal es así que las terapias con iPS podrían suponer el futuro de la medicina regenerativa, cuando no de la Medicina -con mayúsculas- en general. De hecho, es muy posible que este tipo de células madre tengan otra aplicación muy, pero que muy importante. Y es que como muestra un estudio llevado a cabo por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (EE.UU.), estas iPS pueden ser utilizadas para enseñar a combatir a las células cancerígenas. O lo que es lo mismo, estas iPS pueden ser empleadas como una vacuna frente al cáncer específica para cada persona.
Como explica Joseph Wu, co-autor de esta investigación publicada en la revista «Cell Stem Cell», «hemos aprendido que, a nivel de superficie, las iPS son muy similares a las células cancerígenas. Cuando inmunizamos a un animal con iPS genéticamente ‘emparejadas’ con el propio animal, el sistema inmune podría ser preparado para rechazar el desarrollo de futuros tumores. Así, y si bien aún deben replicarse nuestros experimentos en humanos, nuestros hallazgos indican que estas células podrían ser un día utilizadas como una verdadera vacuna frente al cáncer específica para cada paciente».
Enemigo al descubierto
Las iPS y las células cancerígenas presentan una característica común: se parecen mucho a las células progenitoras inmaduras que, una vez diferenciadas, dan lugar a los órganos y tejidos. Y es que como ocurre con estas progenitoras inmaduras, las iPS y las células tumorales tienen una capacidad prácticamente ilimitada de dividirse. Entonces, ¿es posible que al inyectar, cual si fuera un trasplante, iPS en un organismo vivo, el sistema del ‘recipiente’ las identificara como malignas? O lo que es lo mismo, ¿las iPS pueden ser empleadas para mostrar al sistema inmunitario quién es el enemigo? Lógicamente, para ello se requeriría que estas iPS fueran genéticamente compatibles con el recipiente -para que no hubiera un rechazo- y, sobre todo, que hubieran sido manipuladas para que no se reprodujeran de forma incontrolada -o no serían ‘similares’ a las células malignas, sino que serían células cancerígenas en sí.
Fuente original: M.López, ABC/Leer más
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