El mes pasado, el British Medical Journal publicó el caso médico de un hombre de 34 años que ingresó en una sala de emergencias de Cooperstown, Nueva York, con cefaleas en trueno, un tipo particularmente insoportable de dolor de cabeza que puede ser signo de hemorragia cerebral. Sus síntomas incluían arcadas y dolor intenso de cabeza y cuello. El hombre asoció su angustia con un concurso de comer chiles picantes que tuvo lugar días antes y en el que consumió un solo Carolina Reaper, el chile más picante del mundo según Guinness World Records, según recoge Nick Keppler en gizmodo.
Afortunadamente, un caso como este es muy raro. “El riesgo es mínimo”, dice Paul Rozin, doctor en psicología de la Universidad de Pensilvania que se especializa en la cocina y su papel en la sociedad. Rozin ha estudiado el atractivo único de los chiles desde principios de los años 80.
El efecto dañino del consumo de chiles no se ha estudiado en profundidad, dice Rozin. Algunos comensales experimentan inflamación del tracto digestivo y otros vomitan al consumir una carga de picante que no pueden soportar. Pero Rozin cree que si los chiles fueran perjudiciales, no se comerían en tantas partes ni serían cruciales para las cocinas de varias culturas.
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