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EXPOSICIÓN DEL AUTOR MANUEL SUÁREZ

‘Sin Excusas’: las razones de Manuel Suárez

22 Jul 2015 - 09:39 CET
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Manuel Suárez Casal (A Coruña, 1972) el pintor descalzo, amigo de la materia y de la trascendencia apenas verbalizada, aquello de que de la nada no deviene nada, ha convertido por unos días cálidos de julio su ciudad de los vientos y los mares de esquina en la patria de los amantes del arte de la autenticidad. Un piso de estilo ecléctico con ventanas de galería en plenos Cantones coruñeses, cedido gentilmente por Marita Ron, le ha servido de embalaje para su última experiencia artística, llamada, no sin intención «Sin Excusas».

Sin Excusas es en realidad un proyecto global que combina la última producción pictórica del autor con sesiones de fotografía y body-painting en las que la modelo Ana Lee, esa chica que parece extraída del Soho neoyorquino, ha tenido mucho que decir. Allí ocurrió todo eso y bastante más, vídeo, fiesta, debate, siempre en torno a la obra de un artista global, empeñado en demostrar que lo bueno procede de trabajo, estudio, desvelo e investigación.

La materia y el gesto se han concitado esta vez en manos de quien domina los elementos pictóricos, sabe de imagen y de acabado, de intencionalidad y de espontaneidad meditada, de elementos contingentes, en ocasiones casi detritus, que se combinan por veces con la exactitud de la matemática o la física para que, finalmente hablen, si así parece, de sí mismos.

Sin Excusas es por tanto obra ética, un producto de plena madurez de un artista aún joven que siempre aporta y siempre propone. Manuel Suárez es un valor seguro de nuestro arte más internacional y, naturalmente, lo ha vuelto a demostrar.

«Cuando estoy «dentro» de mi pintura, no soy consciente de lo que estoy haciendo. Tan solo después de un periodo de «aclimatación» me doy cuenta de lo que ha pasado. No tengo miedo a hacer cambios, destruir la imagen, etc., porque la pintura tiene vida propia. Intento dejarla salir. Es sólo cuando pierdo contacto con la pintura cuando el resultado es un desastre. De lo contrario es armonía pura, un sencillo dar y recibir».

Jackson Pollock (1956)

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